Dominados

20

Connor

Te lo prometo Connor, vas a estar bien las últimas palabras que escuché proviniendo de los labios de Melody antes de que mi mente quedará atrapada dentro de un profundo vacio se repitieron muy detenidamente, como sí fuesen la única compañía que iría a tener.

Melody me prometió que iba a estar bien.

Pero...

¿...acaso qué sentido creerle?

Melody, el único miembro del Sexo Perfecto que me hacía creer que no todos los miembros de dicho Sexo pudiesen sentir el odio hacía nosotros por culpa de los errores que cometieron mis ancestros, pero eso solo lo creía porque Melody me regalaba galletas.

¿Regalar galletas podía ser el indicio de que no todos los miembros del Sexo Perfecto nos odiaban?

Cómo poder saberlo sí para todos los miembros de ese sexo que conocía desde el día que tenía consciencia yo solamente era solamente una vil basura que solo les servía para limpiar todos sus desperdicios y dejar que tomasen provecho de mi.

Tenía demasiadas dudas, miedo y solo podía contar con las últimas palabras de Melody como una acompaña en este oscuro vació sin fondo.

—¡Oye! ¡Tú! —un profundo espacio con una simple salida— ¡Despierta!

—¡Ahhhh! —despertar a la frívola realidad que veía en el instante que mis ojos hacían contacto con la luz — ¡Ahhhhhh! —solo que en esta ocasión tuve la compañía de un dolor de cabeza— ¡Dios mio! —tan intenso que me hacía sentir como sí alguien estuviese taladrando mi cráneo.

—Ya era hora de que despertaras, maldito idiota —y esa tediosa voz no ayudaba en lo absoluto.

Por su tonalidad imaginé que se trataba de algún Imperfecto, pero no podía saber quien porque su melodía no sonaba como la voz de Padre, Nick o la de cualquiera de mis hermanos.

—¿Sigues vivo? —hablaba muy repetido, como sí no tuviese idea del infierno que estaba zumbando en mi cabeza.

—¡Quieres callarte! —y en esta ocasión no me sentía dispuesto a seguir siendo una victima más del miedo.

En cuanto volví a escuchar el silencio pude ver como mi mente terminó de conectarse con la realidad.

—¿Eh? —y así poder ver que en realidad el Régimen me había enviado a un lugar que parecía ser algo que solo iría a poder ver en mis sueños.

Shane

Solo trascurrieron un par de horas y ya comenzaba a extrañar el silencio que vivía cuando regresaba a casa a lado de mi madre.

Marron solía enfocarse en el silencio porque esa era la base de la Perfección; cualquier queja o tontería podía ser la ruina para el miembro que tenía la misión de gobernar todo lo que es habitado por el Sexo Perfecto. En cambio Riley era distinta porque ella iba a heredar el sistema educativo.

—¡Cuidado!, ¡Viles musarañas!. ¡No quiero que sus asquerosas botas ensucien mi piso! —tener que escuchar sus reclamos me atrapaba en una gran lastima interna, al ver esos Imperfectos que iban esposados.

Sus gritos me impedían ignorar cualquier otra cosa y me hacían pensar en lo que ella les haría ahora que tenía el control sobre ellos, como sí mi única escapatoria fuese ver la obligación que ahora tenía

Nick.

Un Imperfecto que caminaba sin dirigirme la mirada.

Era obvio que Nick estaba molesto conmigo porque le quité su libertad, pero esa era la única forma en como ira salvarlo de una muerte. Espero que no me vea así, en unos meses, de lo contrario tendría que convertirme en algo como mi madre para obligarlo a respetarme.

Y tenía que hacerlo, aunque mi consciencia no me dejase.

Todo era nuevo.

Heredar lo que mi madre había controlado y vivir en un sector repleto de miembros independientes. Seres de mi misma edad, actuando con demasiada arrogancia ante todos los Imperfectos.

Algunas los abofeteaban y otras gritaban horribles insultos o amenazas antes de dar la orden de muerte...

Bang

...de la misma forma que Marron solía hacerlo...

Bang

...y Riley...

Bang

...y Mireya...

Bang

Y yo tendría que hacerlo porque era un miembro obligado a vivir en apartamentos muy divididos, como sí la mitad de un piso estuviese hecho para un par de miembros del Sexo Perfecto.

Bang

"Recuerda lo que eres"

—Es aquí, Shane —al llegar a la gran puerta Riley dio la orden a uno de sus escoltas para abrir la puerta—. Esta es nuestra casa.

—Wow —Un hogar que parecía provenir de un cuento de hadas.

Riley siempre fue una chica muy delicada con respecto a todo lo que quería y su departamento me hizo entender que haber sido la primera en llegar le dio el privilegió convertirlo en una casa de muñecas.

El lugar era muy rustico.

Las paredes estaban pintadas de rosa y el piso adornado con una gran alfombra blanca.

Había fotos de los miembros Perfectos más importantes adornando las paredes y vitrinas con juegos de té, muñecas de porcelana antiguas y placas con leyendas gravadas.




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