Dominados

11

Shane

—Ya esta lista, Señorita Whintinfield —Héctor me sorprendió haciendo su clásica aparición en entrada de mi cuarto, como solía hacerlo todas las mañanas.

—Sí, Héctor —Clásico de Héctor.

En un segundo me encontraba dando los últimos detalles a mi maquillaje y al siguiente él estaba parado en la entrada de mi habitación, contemplándome como sí yo fuese su hija.

—Solo me faltan unos cuantos detalles —sin duda una hermosa imagen que veía a través de mi espejo, como un recuerdo del gran amigo al que tal vez no volvería a ver jamás.

Héctor.

Un anciano de casi setenta años que cuidó de mi y me enseñó lo que es el amor.

—¿Esta todo en orden?

—Sí —deseaba poder mentir, pero el tono frágil de mi voz logró delatarme.

—No parece estarlo.

—¿Por qué lo dices?

—El tono rojo carmesí de sus uñas no combina con el rojo marrón que colocó en sus labios; Y su mejilla derecha ya tiene demasiado rubor.

—El tono resalta mejor el color de ese punto. Además es una nueva moda, Héctor.

Me sentí avergonzada al no poder combinar esos estúpidos tonos, porque eso era lo que hacía Héctor sentir la obligación de ayudarme, como sí yo fuese una niña estúpida que no pudiese reconocer la diferencia entre carmesí y marrón.

Yo.

Shane Wintinfield.

La hija de la dictadora Marron Wintinfield estaba teniendo problemas para combinar los tonos en el día de su cumpleaños numero 22.

—Recuerde que el rubor puede afectar el tono de piel —Héctor tuvo que colocar todo en su lugar—. Todavía tiene problemas con eso, cierto.

—Solo cuando me siento nerviosa.

—En ese caso debería respirar profundamente antes de empezar, recuerde que yo no voy a estar con usted siempre.

—Lo sé, Héctor.

—Debe tranquilizarse, digo. No comprendo el por qué se siente nerviosa, Señorita Wintinfield. Hoy es el día en que usted empezará a tomar las elecciones como un miembro Perfecto —yo no quería hacer eso— ¿No se siente emocionada?

—Sí lo estoy

—Usted ya esta en la cima. Hoy se muda a su nuevo departamento y tendrá acseso a apostar por Imperfectos. Por no decir su herencia. Ya solo esta a tres años de heredar el puesto de su madre.

—Ya lo sé Héctor y en verdad no sabes como lo deseo —volví a mentir— es solo que no me siento segura.

—¿Por qué? ¿Acaso no tiene idea de qué hacer con los Imperfectos que usted gane en los torneos? ¿O de las ocasiones que usted va a tener que donar su vientre para la reproducción?

—Eso ocurre sí el aparato reproductor es fértil y solo debo hacerlo tres veces.

—Y tiene derecho a poder quedarse con un miembro, siempre que sea alguien del Sexo Perfecto y usted lo deseé.

—Así es.

Mi miedo no era por la duda de lo que ahora me iría a deparar ya que era un miembro adulto, sino lo que haría con ese poder.

No tenía un corazón tan frió como el de mi madre o Riley para tener Imperfectos haciendo lo que yo quisiera.

—Señorita Wintinfield —Porque había aprendido lo que era estar encariñada con alguien.

—Hector —como un simple destello mis instintos primarios me obligaron a abrazarlo, como nunca antes lo hubiese hecho— ¡Hector! —porque había una gran verdad dentro de mi deseando poder salir.

—Shane —y Héctor la sentía.

Hoy era el día en que me volvía una adulta.

Un miembro que ya no necesitaba de un niñero.

Sí eso pasaba Héctor iría a ser enviado a otra área de trabajo, eso sí no era asesinado por no cumplir un capricho de mi madre.

—Todo va a estar bien, no tiene por qué preocuparse.

—Pero Héctor. Tú eres todo lo bueno que me ha sucedido en la vida. Sí mi madre te asesina yo…

—Shane.

—¡Te necesito Héctor! ¡Y no quiero perderte!




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