El silencio después de los golpes fue más pesado que el impacto, Liam seguía de pie solo porque la pared lo sostenía. El cuerpo le dolía, pero era un dolor conocido, lo nuevo era la mirada de Dante, no era solo furia, era algo más primitivo, más intenso.
Dante se acercó despacio, invadiendo su espacio otra vez. Sus dedos recorrieron el borde de la mandíbula de Liam, no con ternura, sino con dominio.
-Vas a entender quién manda- murmuró.
No fue una invitación, fue una declaración. Liam sintió como el miedo volvía, pero estaba mezclado con algo peor: Resignación.
Sabía lo que significaba cuando Dante llevaba el control a ese terreno, sabía que ahí las palabras no servían.
Lo empujó hacia la cama, no hubo romance, no hubo deseo compartido, solo una necesidad enferma de reafirmar poder. Dante no buscaba conexión, buscaba posesión.
Cada movimiento estabas cargado de una intención clara: recordarle quien tenía el control.
Sujetó sus muñecas, presionó su cuerpo contra el suyo, marcando territorio, sin necesidad de dejar marcas visibles.
-No me desafies- susurró contra su oído.
Liam cerró los ojos, no por placer, no por entrega, sino para irse mentalmente a otro lugar.
Aprendió a desconectarse, a dejar el cuerpo ahí mientras la mente se relajaba. Era la única forma de soportarlo sin romperse por completo. Dante condia silencio con consentimiento, confundían quietud con obediencia.
Pero lo que realmente estaba ocurriendo era otra cosa, algo dentro de Liam se estaba apagado, no grito, no suplico. Pero tampoco sintió y cuando terminó, cuando Dante respiraba con satisfacción tensa, creyendo haber recuperado el control absoluto...
No notó que había perdido algo más importante, porque el dominio necesitaba que el otro sienta y Liam... empezaba a dejar de hacerlo.