PRÓLOGO
No hay señales claras cuando empieza.
Nada se anuncia.
Nada advierte.
Solo ocurre.
Un instante se abre paso entre lo cotidiano y lo desplaza. No pide permiso. No se explica. Se siente. Y en ese sentir, algo se desarma.
El control cede.
La lógica pierde peso. Lo que parecía firme... se vuelve inestable. Lo que estaba en su lugar... cambia. No es una elección.
Tampoco es un error. Es un cruce. Algo que sucede sin garantías, pero que deja consecuencias.
Porque incluso lo más fugaz puede permanecer.
Y cuando eso ocurre... ya no hay forma de volver al punto de inicio.