Kaer´Marun, Aldea Braskh…
El día avanzaba con una paz única e inigualable sobre aquella aldea, algo nunca visto para sus habitantes. Más de uno se pellizcaban las mejillas para verificar que no fuera un sueño, y que por unos momentos podían relajarse, aunque aquello solo fuera un simple cristal frágil de una realidad ilusoria. Kael, sudoroso, respirando agitadamente, se encontraba escondido dentro de un barril.
Desde afuera del barril, el mismo niño de antes cruza los brazos y lo observa con una ceja levantada.
–– ¿No eras tú el ‘héroe’ de hace un rato? ––se burla con sarcasmo haciendo comillas con las manos. –– ¿Y así te haces llamar elemental? Eres patético, viejo. Solo eres un simple charlatán.
––Pero ¿qué dices, niño? ––murmura temblando, apenas se podía ver su rostro, unas lágrimas exageradas empezaron a salir de sus ojos. –– ¡¿No ves que podría morir hoy?! ¿Por qué la vida es tan cruel conmigo? ––susurra. ––Y pensar que no alcancé a besar a esa chica...
El niño bufa con fastidio fulminándolo con la mirada como si fuera la escoria más grande del planeta.
–– ¡¿Qué me dices tú, mocoso insolente?! ––Kael se prende en rabia señalándolo con un dedo, frunce el ceño bastante ofendido. ––Se supone que todos aquí son elementales, ¿Por qué no se defienden ustedes mismos?
––No somos lo suficientemente fuertes. ––confiesa el niño, bajando ligeramente la mirada algo avergonzado. ––Apenas tenemos comida para sobrevivir, y la mayoría aquí son solo niños, mujeres y ancianos.
Kael se queda en silencio. Procesando esa nueva información. Pregunta con curiosidad: –– ¿Y los hombres?
––Están en el Ejército Negro o se unieron a las pandillas de las demás regiones. ––informa casi en un susurro, sintiéndose pequeño ante aquella situación. ––Algunos se van por desesperación, buscando darles una vida mejor a sus familias, pero este lugar está maldito…algunos nunca regresan.
Kael se queda pensativo. Suspira con una sonrisa nostálgica como si aquella historia lo conmoviera más de lo que quisiera admitir. Sale del barril lentamente. Se agacha. Pone una mano en la cabeza del niño.
––Entonces si tengo que morir hoy me llevaré a esos idiotas conmigo. ––guiña un ojo con picardía.
El pequeño lo mira con los ojos abiertos y suplicantes como si deseara aferrarse aquellas palabras.
De pronto…
El suelo tiembla levemente por todo el lugar. Se escuchan gritos desesperados. La pandilla completa de aquel lugar había llegado: unos diez pandilleros armados con fuego, aire, tierra y agua, todos llenos de tatuajes y rostros llenos de furia. En el centro, el líder: un hombre alto, calvo, con tatuajes de agua en los brazos estaba de pie, erguido con una arrogancia que salía de cada uno de sus poros.
–– ¡¿Dónde está el imbécil que se atrevió a tocar a los míos?! ––gritó con furia, haciendo estremecer a más de uno.
––Ese soy yo. ––Kael levanta la mano, la otra la tenía dentro del bolsillo como si aquello no fuera nada para él, aunque por dentro moría de nervios, mientras se acercaba a lo que posiblemente era su muerte. –– ¿Algún problema, viejo?
––No te conozco. ––lo mira inquisitivamente con el ceño fruncido como si estuviera leyendo más allá de su alma. ––No eres de por aquí. ––lo apunta con un dedo. –– ¿Qué hace un forastero en mis dominios?
––Solo soy un simple vagabundo sin preocupaciones en esta vida. ––se encoge de hombros restándole importancia. ––Pasaba por este lugar, cuando vi a esos idiotas meterse con esos abuelitos…no me pude resistir y acabe con ellos. ––lo mira con una sonrisa llena de provocación. –– ¿Cómo están? Tenía la intención de mandarlos con la Huesuda.
––Vaya con que tentando con tu vida, ¿eh? ––se burla con una sonrisa cargada de sadismo. ––Excelente, entonces nadie te extrañará cuando te mandemos con la Huesuda. ¡Acaben con él!
Los diez pandilleros cargan contra Kael. Él esquiva. Lanza ráfagas de agua. Crea pequeños escudos líquidos. Retrocede. Resiste. Su técnica es básica, pero su instinto lo mantiene vivo mientras esquivaba y bloqueaba ataques como si su vida de pendiera de eso.
Justo cuando está a punto de ser rodeado…
–– ¿Necesitas ayuda, hermano? ––una voz potente varonil se escucha detrás de él.
Kael gira la cabeza y ve a un joven de unos 18 años, más alto y robusto que él. Cabello azul oscuro, ojos verdes, expresión relajada, y ambas manos cubiertas con placas de tierra endurecida.
–– ¿Quién eres tú? ––pregunta Kael con recelo, mientras esquivaba un ataque de una esfera de tierra.
––Ya habrá tiempo para presentaciones. ––indica el chico golpeando ambos puños. –– Ahora acabemos con estos imbéciles.
Se lanza al ataque con los puños cubiertos de tierra. Abriéndose paso entre los pandilleros que rodeaban a Kael.
Kael y el desconocido pelean espalda con espalda. El desconocido lanza esferas de tierra, crea muros, mientras Kael usa chorros de agua como látigos y escudos. Combinaban bien: tierra bloquea, agua contraataca.
El líder, furioso, avanza con varios látigos de agua, intentando envolver a Kael en una prisión líquida.
Kael, jadeando, retrocede, pero reúne todo su poder, sus recuerdos, su dolor, y con un último ataque de presión de agua, rompe la prisión y golpea al líder con una técnica potenciada por la emoción.
¡BOOM! El líder cae inconsciente sintiendo como su alma se escapaba de su cuerpo. Los pandilleros restantes huyen aterrados.
Kael y el desconocido jadean exhausto sintiendo como el cuerpo estaba siendo reclamado por el suelo. Se dejan llevar y se sientan en él, riendo y respirando fuerte como si se hubieran librado de las manos de la Huesuda.
––Mi nombre es Brax, soy elemental de tierra. ––se presenta el chico con una media sonrisa, extendiendo una mano en señal de saludo.
––El mío es Kael, elemental de agua. ––corresponde el saludo con una sonrisa cómplice.
Ambos se miran y sonríen como dos tipos que acaban de empezar una gran amistad. El niño se acerca donde él, con una amplia sonrisa y los ojos húmedos con lágrimas en los bordes.
Editado: 31.05.2026