Dominion of Elements

Episodio 34. Los Shadows Of Death

Ressan, Urtrox…

El sol de la mañana estaba anunciando la llegada del mediodía sobre la ciudad de Urtrox. Las personas caminaban mirando los diferentes puestos del mercado haciendo las compras para el almuerzo de sus casas. Mientras en otras casas ya se estaba sirviendo. En los campos ganaderos, los mejores de toda Elandar, los vaqueros cuidaban de los animales con esmero, muchos ya lo estaban alistando para la venta en el mercado, o para venderlos en el comercio interior.

En Ressan se movían al ritmo del comercio y la ganadería. Las demás regiones dependían de ellos en esa rama. Los Abysswalkers protegían su ciudad con celos. Nadie podía atreverse a invadirlos sin recibir las consecuencias. Ni siguiera las pandillas menores de la región se atrevían a poner un solo pie en Urtrox.

Dentro del cuartel general de los Abysswalkers, el campo de entrenamiento se había vuelto en una guerra. Ronter y Fischer estaban inmersos en una batalla casi rozando la muerte.

Ronter lanza al mismo tiempo varias ráfagas de agua controladas directo a Fischer, que rápidamente levanta un muro de tierra de dos metros, provocando que las ráfagas choquen en él. Fischer sin perder tiempo, fragmenta el muro en veinte dagas afiladas impactándolas donde Ronter, que crea un hoyo en la tierra antes del ataque. Desaparece. Aparece de nuevo detrás de Fischer, con una espada de hielo. Fischer crea otra de tierra. Ambas espadas chocan con violencia. Los rostros de ambos quedan a centímetros el uno del otro.

En un movimiento limpio, Fischer separa ambas espadas. Sin dar tiempo de reacción en Ronter, lanza una ráfaga doble de fuego y aire con tal violencia que provoca que Ronter retroceda varios metros. Entonces Fischer aplaude. Extiende sus brazos a los lados. Los levanta. Los baja a una gran velocidad. Mira exhausto al punto donde estaba Ronter, que estaba jadeando, las piernas no le flaqueaban, estaban firmes. Su temple estaba sereno, con una nota desafiante.

––Aún siento mi energía rebozando, Fischer. ––dice Ronter con firmeza.

–– ¡Demonios! ––gruñe lleno de rabia, apretó sus puños hasta tal punto de volver blanco sus nudillos, mientras brotaban varias gotas de sangre de sus manos. –– ¡Mierda! aún no lo logro. Nuestro Señor me mostro como se hacía, pero no logro dominarlo. Ni siguiera estoy cerca.

Cae al suelo sentado. Se cubre el rostro con las manos, lleno de impotencia y rabia consigo mismo. Ronter se va acercando a él con tranquilidad.

––Cachorrito, es normal que no puedas. ––indica Persia con voz burlona, mientras salía de una columna, acercándose a ellos. ––Al único que he visto poder controlar esa técnica a la perfección…es al mismo que la creó…

–– ¿A nuestro Señor? ––pregunta Fischer.

––No. ––niega con firmeza ya cerca de ellos. ––A Daymond…es un ex General de Dominion. No había nadie como él…era el mejor de todos. Tenía una gran energía elemental, tan poderosa y abrumadora, que su sola presencia te hacía pensártelo dos veces antes de meterte con él.

––Pensé que fue nuestro Señor quien hizo esta técnica. ––murmura mirándose las manos con tristeza. ––Me dijo que antes de que regresará tendría que haberla dominado, aunque sea una mínima parte.

––Estoy seguro que lo harás. ––lo anima Ronter colocando una mano sobre su hombro. ––Entrenaremos hasta morir.

––No quiero decepcionarlo, El Señor hizo mucho por mi familia. ––la voz de Fischer era tristeza absoluta. ––Estoy muy agradecido con él. Fue el único que extendió su mano para ayudarme cuando más la necesitaba.

––Cachorrito, sabes que él no lo hizo por benevolencia. ––expresa Persia con una mezcla de burla y tristeza. ––Tu alma le pertenece por completo. Tu vida es suya. Puede hacer contigo lo que quiera. Ya no tienes ninguna decisión sobre tu sola existencia, no puedes hacer nada sin su permiso.

––Lo sé, y no me importa. ––contesta con una sonrisa que parecía mueca. ––El salvó a mi familia. Mi madre tenía una rara enfermedad, su cuerpo estaba lleno de llagas, eran grandes y pequeñas, se mantenían siempre con sangre, aunque yo siempre la limpiara, su cuerpo se estaba destruyendo. ––su voz se fue apagando. ––Vivíamos en la pobreza extrema, tenía que salir a robar comida para poder mantenernos por lo menos un día más con vida. Los idiotas de los niños mimados siempre golpeaban a mi hermanita, tan solo tenía tres años en ese momento. ––las lágrimas querían salir, pero las retenía. ––Nunca me decía cuando la lastimaban para no ser una carga, pero siempre me daba cuenta por sus heridas. Peleaba con ellos hasta tal punto que me apedreaban en la aldea. ––no podía más, las lágrimas empezaron a salir en silencio. ––Yo no sabía que podía hacer…la situación se me escapaba de las manos…mi peor miedo en ese momento era perder a mi familia, ellas dos eran lo único que tenía…hasta que el Señor vino y me extendió su mano…solo era mi alma por la salud y protección de mi familia… ––hizo una pequeña pausa. –– ¿Saben algo? Lo volvería hacer las veces que sea necesario…no me arrepiento de nada. Mi madre está viva, en buena salud, y mi hermana camina por las calles sin miedo a que la maltraten…ya no tengo que robar, en mi casa nunca falta comida…

Persia y Ronter se mantienen en silencio, respetando el momento de su camarada.

––Tengo que mejorar. ––continua, limpiándose con rabia el rostro con el dorso de la mano. ––No lo voy a defraudar. Lograré convertir esta técnica en mía. Y acabaré con Layne.

––Aunque me fascina la idea de acabar con esa cachorrita, no podemos hacerlo. ––suspira Persia con fastidio. ––Nuestro Señor dijo que no podíamos tocarla hasta que no culminará su plan…esa mocosa es parte de ellos, aunque no queramos. Deseo fervientemente verle el rostro a esa perra de Arka cuando vea morir a su hija delante de sus ojos.

Persia mira de reojo a Ronter que se mantenía sereno, sin ninguna emoción sobre su rostro.

–– ¿Sabes? Aún creo que fue bastante estúpido entregar tu alma por un deseo tan absurdo de dejar de amar a alguien. ––comenta Persia con burla, y una sonrisa divertida. ––Amaste tanto a esa mujer, que preferiste borrar todo sentimiento hacia ella, solo para no dudar en el momento de matarla por si nos tenemos que enfrentar a Dominion a una lucha a muerte. ––ríe bajito. ––Pero que tragedia romántica más barata y estúpida. ––su risa se vuelve más fuerte, cargada de burla. ––Y lo peor…es que esa mujer jamás sintió algo por ti.



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En el texto hay: elementos, anime, aventura humor

Editado: 29.07.2026

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