Kaer´Marun, Daxon…
Ese día fue abriendo los ojos poco a poco. El cielo le estaba dando la bienvenida al sol, que con pereza se iba imponiendo lentamente, para ocupar el trono dejado por la luna. El ambiente en la ciudad era normal…nada fuera de lo cotidiano de la rutina del día a día. Los pescadores fueron los primeros en ponerse en acción a primeras horas de la mañana, listos para emprender un nuevo día de aventuras en el mar. Los mercaderes, se encontraban preparando sus puestos, antes de que los compradores salieran de sus casas para disfrutar las diferentes mercancías que les esperaban.
Los rayos del sol débilmente fueron acaparando todo el lugar, sin excepciones. Hubo una casa, cuyos integrantes pensaron que iba hacer un día común y corriente...pero, no sabían que el destino tenía algo más debajo de las mangas.
Thyogo caminaba soñoliento por los pasillos de su casa. Aun se encontraba en pijama. Su cabello estaba revuelto y desalineado. Arrastraba los pies, como un perezoso que no deseaba abandonar su cama. Se rascaba el estómago. De su boca salió un profundo y largo bostezo.
––No tuviera necesidad de levantarme tan temprano, si no fuera porque tengo que ir a Tierra de Nadie. ––se estruja un ojo con el puño, bosteza de nuevo, levanto un brazo al aire. ––Voy a expandirme más, y necesito más cámaras…ojalá Pandora este de buen humor, para que me dé un excelente precio. ––estira los brazos, soltando un leve gemido de agotamiento. Y como si una flecha hubiera pasado por su mente, sus ojos se transforman literalmente en el símbolo del dinero. ––Ayer hice una verdadera fortuna. ––su boca babeaba, pone ambas manos al frente, como si estuviera sosteniendo algo. ––Nunca antes habíamos tenido tanta audiencia…si hubiera sabido que también el Lord iba a luchar, hubiéramos vendido las entradas más caras…aun así, hicimos una mina de oro.
Vuelve a sus sentidos. Carraspea, intentando recomponerse. Sigue su camino.
––Voy a provechar mi visita a Tierra de Nadie para reclutar más personal. ––murmura para sí mismo, con un brillo en los ojos, como si estuviera contando acrox hasta más no poder. ––No tengo personal en ese lugar…y por eso nos hemos perdido innumerables luchas interesantes. ––alza ambos brazos arriba, con un gran bostezo. ––Pero, para poder entrar ahí, necesito ir custodiado por los hombres de mi padre. Esos dementes de Jeyla no conocen amigo o enemigo…matan a todo aquel que se atreva poner un solo pie en sus dominios.
Suspira. Se pasa la mano sobre el cabello. Sus pasos se detienen frente a una puerta doble de caoba. La golpea tres veces con calma, casi con desdén. Pero no hubo respuesta del otro lado. Volvió a tocar.
–– ¿Papá? ––llama con el ceño levemente fruncido. –– ¡Hey papá, soy yo! Necesito hablar contigo.
Silencio…no hubo respuesta. Ni un sonido.
–– ¿Acaso no se ha levantado? ––susurra para sí mismo, pensativo.
En ese momento…una mujer alta de unos treinta y ocho años, de cabello negro peinado en una frondosa trenza, caído en cascada hasta la cintura, camina despacio en dirección hacia él. Sus ojos amarillos, como dos soles lo miraban con ternura y confusión. Tal parecía que ella también acababa de levantarse, aun lucía una bata de seda fina, sus pies estaban siendo protegidos por unas pantuflas.
––Mi amor, ¿Qué ocurre? ¿Por qué estás frente al despacho de tu padre? ––pregunta con una preocupación entre confundida y curiosa.
––Mamá, ¿Papá aún está dormido? ––pregunta, con una mueca de confusión. ––A esta hora debería de estar en su despecho preparando sus negocios del día. He tocado varias veces la puerta, pero él no responde.
–– ¿Qué? …Es extraño. ––responde, con el ceño ligeramente fruncido, baja la mirada, se pone una mano sobre la barbilla. ––Debería de estar ahí…no me acuerdo si fue a dormir anoche a la cama…y tampoco lo vi cuando me desperté. ––lo mira con calma. Se va acercando. ––Déjame intentarlo.
Toca tres veces la puerta. No hubo respuesta. Volvió a tocar…tampoco.
–– ¿Querido? ¿Estás ahí? ––llama, subiendo un poco más la voz. ––Deylux, voy a entrar.
No hubo nuevamente respuesta. Ella gira el pomo. Abre despacio la puerta, como si no quisiera perturbarlo, por si él estuviera adentro haciendo algo importante. Al abrirlas. El despacho le da la bienvenida a sus ojos con una escena sacada de la peor película de miedo. Sus ojos se abren de golpe como platos. La piel olivo de ambos, le da paso al blanco.
–– ¡AAAHHHHGGG! ––un gritó seco de terror se escapa de la boca de Thyogo, la gravedad lo traicionó en ese mismo momento. Retrocedió hacia atrás. Cayó de trasero al suelo. Colocó su mano en su boca. Su cuerpo temblaba ante lo que estaba presenciando.
––No…no…no es posible… ––susurra ella, su voz salió temblorosa…quedó completamente paralizada, observando el horror frente a frente.
Un cuerpo sin cabeza descansaba sobre el asiento que le pertenece a Deylux. Una abertura en su estómago daba paso a las vísceras, que con lentitud viscosa iban saliendo acompañadas por sangre. El brazo derecho estaba ocupando el lugar de la cabeza. El esófago ligado con la tráquea como si fueran una trenza doble, estaban afuera siendo sus compañeros, como si fueran una soga para escalar o más bien como si alguien se estuviera divirtiendo con ellas. En el brazo izquierdo se podía ver perfectamente los huesos blancos con carne rojiza. Un hueco profundo en su pecho, dio indicio de que su corazón ya no estaba en esa posición…él se encontraba sobre la palma de la mano derecha descansado.
Thyogo y su madre estaban estupefactos. Los parpados no querían cerrarse. Unos pasos perezosos se fueron acercando a la escena.
–– ¿Mamá? ¿Qué ocurre? ––una voz infantil soñolienta interviene en el ambiente sepulcral.
La madre por inercia giro su rostro en dirección donde venía una figura. Una niña de ocho años, con el cabello rubio en dos colectas altas, algo desarregladas. Venía estrujándose sus ojos verdes con los puños. Un ligero bostezo se escapa de sus labios.
Editado: 22.06.2026