Dominion of Elements

Episodio 70. El Que Mucho Abarca, Poco Aprieta

Kiria, Etherniux…

–– ¡¿Cómo te atreviste?! ––se escucha perfectamente una voz femenina delicada con aparenta rabia controlada. –– ¿Por qué hiciste algo como eso? ¿Acaso no eres humano?

––Yalis…yo… ––un Daymond nervioso y pálido trataba de excusarse.

Daymond intenta dar un paso más para acercarse a ella. Pero la mujer de abundante cabello negro se alejaba, como si no deseara estar en la misma habitación que él. Sus ojos azules brillaban con una intensidad salvaje y al mismo tiempo asesina.

––Yalis…mi amor…al fin podemos estar juntos nosotros dos… ––intenta convencerla con una sonrisa cálida que más bien parecía una mueca al no entender la actitud reacia de ella.

–– ¿Amor? Aun te atreves a llamarme tu amor después de lo que hiciste con nuestra hija. ––lo fulmina con la mirada, su voz era como si miles de púas puntiagudas se dispararan directamente en el pecho de Daymond. Extiende una mano furiosa a un lado apuntándola al suelo cubierto de un césped bien cuidado. Una vena empieza a palpitar con violencia en su frente. –– ¡Maldito seas, Daymond! Delante de mi cuerpo inerte te atreviste a expresarte de esa forma de nuestra hija. ––se pone una mano sobre el pecho. ––Después de que di lo último de mi para poder salvarla debido a mi negligencia como madre…y aun así tú te atreviste a rechazarla diciéndole que era un engendro.

––Mi amor…yo…yo…yo no sabía qué hacer. ––tartamudea, su rostro solo mostraba una confusión increíble sin saber si aquello era verdad o una cruel ilusión. ––Te estaban matando frente a mis ojos sin que yo pudiera hacer algo…moriste en mis brazos…fue demasiado para mi… ––extiende ambas manos a los lados tratando de acercarse más a ella. ––Todo paso muy rápido…no estaba pensando bien en ese momento…

––No me vengas con eso, Daymond. ––lo corta en seco con rabia. ––Incluso no hiciste nada por ayudar a Jazziel y su esposa…no hiciste nada cuando los niños quedaron solos a su suerte…no hiciste nada cuando Kael se vio envuelto en esas situaciones…tampoco hiciste nada cuando se llevaron a nuestra hija…no hiciste nada para buscarla cuando estaba siendo maltratada día y noche… ¡Eres una maldita escoria! ¡Me arrepiento amargamente de que nuestros caminos se entrelazaran ese día! ¡Eres incluso peor que el Gran Concejal de Edria y que Richor Laucher!

––Yalis…por favor…entiéndeme… ––suplica dando pasos más largos para poder tomarla de la mano.

–– ¿Entenderte? ––se ríe con amargura, su tono era más venenoso que la serpiente taipán del interior. Su mirada era más afilada que la mejor espada forjada por el mejor herrero. ––Daymond, maldigo el día en que te conocí…si existe una segunda vida o algo parecido solo deseo en lo más profundo de mi alma jamás encontrarme o cruzarme contigo. Y si por obra del destino nos encontramos solo deseo fervientemente sentir un profundo odio por ti que me haga jamás dirigirte ni siguiera un simple saludo de buenos días.

–– ¡Yalis…yo te amo! ––grita con impotencia escuchando aquellas palabras tan crueles.

––No me vengas con esa falacia. ––su voz baja una octava amenazante. Se va acercando a él, cada paso parecía una sentencia a muerte. Un tempano de hielo aparece dentro de su boca. ––Tú jamás me amaste…si realmente me amabas jamás hubieras abandonado a nuestra hija, que era un fruto de nuestro amor...pero tal parece que la que sí amo realmente en nuestra relación fui yo.

––Yalis… ––murmura atónito. Deseaba que la tierra se lo tragara en ese mismo momento. Sintió como el frio y la ansiedad quería apoderarse de su cuerpo.

Yalis se pone firmemente frente a él. Le dedica una mirada que podía hacer temblar a la mismísima Camil. Daymond se pone más rígido que una tabla contemplando la postura fría y penetrante de ella.

––Daymond, dejaste de amarme en el momento en que negaste a nuestra hija. ––planta aquella conversación que había deseado tener con él en el momento en que su vida se dio por terminada, su alma si había contemplado esa escena de hace catorce años atrás. Lo apunta con un dedo directo al pecho de manera amenazante. Sus ojos azules intensos brillaban de furia a punto de explotar. ––Ella sufrió por tu culpa…no, mejor dicho…por nuestra culpa. Yo soy la responsable de mi propia muerte y no poder estar a su lado, y tú eres el responsable de su sufrimiento. Daymond, ya no te atrevas a profesar un falso amor hacia mi persona, y mucho menos vuelvas a pronunciar mi nombre en tu boca…pero sobre todo, no vuelvas a pararte delante de Layne, ya tú no eres su padre, y eso te quedó más que claro ese día en que ella misma te lo dijo.

––… ––un silencio infernal se apoderó de sus cuerdas vocales. Sus ojos se abrieron como platos.

––El día de tu muerte ni te atrevas a buscarme, ya no tengo nada que ver contigo, Daymond Lynspton. ––su rostro estaba rojo de la ira, pero trataba de controlarse. ––Lo que más nos unía cortó cualquier rastro de nosotros de su cuerpo. Rompiste la promesa más importante y valiosa para mí… “No la abandones” eso fue lo que te pedí en mis últimos momentos de vida, y aun así te atreviste a romperla. ––se da media vuelta, empieza a caminar alejándose de él. ––Hasta nunca, Daymond.

–– ¡NO! ¡YALIS! ¡NO ME DEJES! ––grita a todo pulmón corriendo a toda prisa para poder alcanzarla extendiendo una mano en dirección de ella, que seguía alejándose más sin mirar atrás. –– ¡YALIS…!

………………………………

–– ¡¿YALIS…?! ––grita Daymond incorporándose de golpe de la cama. Tenía ambos ojos abiertos de par en par. Un sudor frio comenzó a recorrerle por todo su cuerpo. Estaba todo sudoroso, como si acabara de salir de un baño sauna. Su pecho subía y bajaba como si estuviera buscando oxígeno desesperadamente. Mira a su alrededor desorientado y a la vez confundido. Sus ojos chocan con el rostro inexpresivo y curioso de David, quien lo miraba con una ceja arqueada, mientras se limpiaba la mano con una pequeña toalla. ––Pero… ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está Yalis? ¿Acaso al fin morí?



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En el texto hay: elementos, anime, aventura humor

Editado: 13.09.2026

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