Dominios mágicos

30 - Esperanza en la Adversidad

A la mañana siguiente, el Valle del Dragón despertó en una calma solemne, como si la misma naturaleza presintiera la magnitud de lo que estaba a punto de ocurrir. Una ligera neblina cubría el suelo, deslizándose entre las rocas y los árboles antiguos que habían sido testigos de innumerables eras. La brisa traía consigo el frescor de un nuevo amanecer, y el cielo comenzaba a vestirse con los tonos dorados del sol naciente.

Frente a nosotros, los seis dragones estaban alineados en majestuosa grandeza. Sus enormes cuerpos formaban una fila que parecía haber sido trazada por el propio destino, cada escama reflejando la luz del sol. Aelyndra resplandecía con su dorado inigualable; Ithryss brillaba como el metal pulido; Nyssariel ostentaba un verde profundo; Nocthyrax, con su negro adornado de destellos dorados, y Xyndra, con sus alas moradas, aportaban un aire de poder. Velkranor, el dragón plateado con pecho blanco, completaba la magnífica alineación.

Las alas de los dragones se movían lentamente, provocando corrientes de aire que agitaban la hierba del valle. Hoy sería un día histórico, el primero en siglos en que estos majestuosos seres alzarían el vuelo más allá de su hogar. Y nosotros, los Elegidos, íbamos con ellos.

Sentí cómo mi corazón latía con fuerza, un tamborileo que acompañaba la emoción y el nerviosismo. Era difícil de creer que habíamos pasado de luchar por sobrevivir a convertirnos en jinetes de las criaturas más poderosas que había conocido el mundo. Sin embargo, la emoción no podía nublar la realidad que se cernía sobre nosotros. La guerra se acercaba, y el plan ya estaba en marcha.

Maika revisaba los detalles finales con Nyssariel mientras Keiden observaba el horizonte, su mente claramente en lo que vendría. Sara y Hinty chismeaban en voz baja, sus ojos brillando con anticipación, mientras Xyndra y Velkranor desplegaban sus alas con gracia, como si el mismo aire las llamara.

Klior fue la primera en romper el silencio, su voz firme resonando en la atmósfera cargada de tensión.

—Es hora de repasar el plan.

Todos nos acercamos, el aire vibrante con nuestro propósito compartido. Respiré hondo y empecé a compartir lo que había estado en mi mente.

—Klior, Nocthyrax, Aelyndra y yo iremos primero al Laberinto de las Bestias. Los dragones usarán su magia para anular el hechizo que lo mantiene activo.

Recordar ese lugar en mi mente me producía un escalofrío.

—Cuando el laberinto desaparezca—continué—, liberaremos a mi abuela Elda y a Nick.

Pronunciar sus nombres trajo un torrente de recuerdos sobre cuánto tiempo habían estado atrapados allí. Un tiempo demasiado largo.

—Después de eso, regresaremos a nuestra ciudad con ellos.

Todos asintieron, sabiendo que esta era la parte más urgente del plan.

Maika tomó la palabra, su voz clara y decidida.

—Mientras ustedes hacen eso, Nyssariel y yo iremos a los pueblos del norte. Debemos advertirles de lo que está por venir.

Keiden, con su mirada fija en el cielo, añadió:

—Ithryss y yo iremos hacia el sur. Hay varias aldeas en esa dirección que deben saber lo que se acerca.

Sara cruzó una mirada cómplice con Hinty antes de hablar.

—Nosotros iremos a los pueblos cercanos a nuestra ciudad. Xyndra y Velkranor nos llevarán más rápido que cualquier mensajero.

Hinty sonrió, su entusiasmo palpable.

—Si vamos a avisar al mundo… mejor hagámoslo rápido.

Los dragones hicieron un movimiento que parecía aprobar el plan, inclinando sus enormes cabezas, comprendiendo la gravedad de lo que estaba por venir.

Uno a uno, comenzamos a acercarnos a los dragones. El momento que durante siglos solo había existido en historias estaba a punto de hacerse realidad.

Apoyé mi mano sobre las cálidas escamas doradas de Aelyndra. Eran sólidas y vibraban con una energía que parecía latir bajo la superficie. Cuando puse el pie sobre una de las escamas más bajas y me impulsé hacia arriba, sentí por primera vez lo que significaba montar un dragón. Su cuerpo era inmenso, pero cada movimiento se sentía firme y seguro.

Subí con cuidado y me acomodé entre las escamas de su cuello, sujetándome con cuidado mientras Aelyndra extendía sus enormes alas doradas. A mi alrededor, los demás hacían lo mismo. Klior subió a Nocthyrax con una seguridad que parecía natural en ella, como si siempre hubiera estado destinada a cabalgar una criatura tan imponente. Sara se acomodó sobre Xyndra, su risa resonando en el aire. Keiden subió a Ithryss con una calma casi reverencial. Hinty, con una mezcla de nervios y entusiasmo, se sujetó a Velkranor.

Y Maika… Maika montó a Nyssariel con elegancia, pero su expresión era diferente. Mientras todos gritaban emocionados, ella guardaba silencio. Su rostro parecía nublarse con una nostalgia profunda, como si recordara un tiempo y un vuelo ya perdidos.

No tuvimos tiempo para preguntarle. Aelyndra habló en mi mente, su voz clara y firme.

—Sujétate bien.

Sus alas se alzaron, y en un segundo… saltamos.

El suelo desapareció bajo nosotros. El viento golpeó mi rostro con un poder voraz mientras Aelyndra batía sus alas con maestría, el aire vibrando a nuestro alrededor. En cuestión de segundos, el valle se hizo pequeño, convirtiéndose en un cuadro en movimiento bajo nuestros pies.




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