El viento golpeaba mi rostro con suavidad mientras volábamos sobre los vastos cielos del reino. La sensación era indescriptible, como si cada latido de mi corazón resonara en perfecta armonía con el vuelo de Aelyndra. Debajo de nosotros, bosques y montañas se extendían como un océano verde que parecía no tener fin. Aelyndra avanzaba con poder y elegancia, batiendo sus enormes alas con un ritmo firme que hacía vibrar el aire a nuestro alrededor.
Detrás de mí, Nick se sujetaba a mi cintura con firmeza. Podía sentir su respiración cerca de mi hombro, cálida y constante, mientras el dragón surcaba el cielo a gran velocidad. Una mezcla de emoción y ansiedad me envolvía, anticipando lo que nos esperaba.
A lo lejos, las imponentes torres de Mordrath se alzaban sobre el horizonte, revelándose poco a poco como guardianes de antiguos secretos. No debíamos estar a más de unos pocos kilómetros de llegar, y a pesar de la majestuosidad del momento, todo parecía en calma. Una calma inquietante.
Y entonces ocurrió.
De repente, una sensación extraña se apoderó de mí, como si algo invisible se cerrara a nuestro alrededor. La luz del cielo comenzó a apagarse lentamente, y el viento que antes nos envolvía desapareció. La oscuridad me rodeó como una sombra familiar.
Durante un instante, pensé que había perdido el conocimiento… pero entonces, cuando la oscuridad se disipó, ya no estaba volando junto a Nick. A mi lado, había otra persona: Maika. Ella volaba sobre Velkranor, avanzando conmigo por el cielo como si aquello hubiera sido siempre lo normal.
Fue entonces cuando lo comprendí: otro recuerdo. Otro fragmento del pasado. Otro recuerdo de Jeff. Pero esta vez era distinto.
No estábamos en medio de la guerra. No había gritos, ni destrucción, ni fuego consumiendo el horizonte. El lugar era tranquilo. Extrañamente tranquilo. Debajo de nosotros, se extendía un paisaje sereno de colinas verdes y árboles que se movían suavemente con el viento.
Sin embargo, al levantar la mirada hacia el cielo, algo llamó mi atención: una enorme barrera luminosa cubría el firmamento, extendiéndose como una cúpula gigantesca que rodeaba todo el territorio, brillando con un tenue resplandor mágico. Era como si aquel lugar estuviera protegido… o encerrado.
Volamos durante un par de minutos más, en silencio, hasta que los dragones comenzaron a descender. Sus alas redujeron la velocidad poco a poco mientras bajábamos hacia el suelo, hasta aterrizarnos en las orillas de un lago. Un lago hermoso, cuyas aguas eran tan cristalinas que reflejaban el cielo como si fueran un espejo perfecto. Su superficie apenas se movía, y el aire alrededor estaba impregnado de una calma profunda.
Algo en aquel lugar me resultaba extrañamente familiar. Como si ya hubiera estado allí antes.
Los dragones se agacharon lentamente, permitiéndonos bajar. Jeff —o más bien, yo dentro de su recuerdo— descendió primero, seguido por Maika con una gracia inesperada. Durante unos instantes permanecimos en silencio, observando el lago que se extendía frente a nosotros. El sonido del agua contra la orilla era lo único que rompía aquella quietud.
Finalmente, la voz de Maika resonó en el aire, suave pero cargada de preocupación. —¿No tienes miedo por lo que pueda pasar mañana?
Jeff la miró con tranquilidad, una seguridad absoluta brillando en su expresión. —No, Maika. Estoy seguro de que ganaremos.
Se volvió hacia el horizonte, como si ya viese el futuro. —Los seres oscuros no tienen idea de lo que les espera.
Maika suspiró levemente, bajando la mirada hacia el agua del lago. —Sí… lo sé. Es un ataque sorpresa para tomarlos desprevenidos, para que no tengan oportunidad de reaccionar.
El silencio entre ellos se sentía pesado, como un eco de los pensamientos acumulados. —Pero aun así, no puedo dejar de pensar en todo lo que podría salir mal. —dijo Maika.
Hubo un momento de reflexión antes de que continuara. —Por prevención, tengo que hablar con Thalorion. Quiero que prepare un hechizo especial que tengo en mente… solo por si algo ocurre.
Una sonrisa tierna se dibujó en el rostro de Jeff. Se acercó un poco más a ella, buscando ofrecer consuelo. —Tranquila, corazón. Todo va a salir bien. No tienes que preocuparte.
Pero justo cuando esas palabras terminaron de fluir de sus labios, el recuerdo comenzó a desvanecerse. Las imágenes se distorsionaron como si el tiempo mismo estuviera rompiéndose. El lago desapareció y la barrera del cielo se fragmentó en pedazos de luz. Entonces escuché voces. Alguien me estaba llamando.
Abrí los ojos de golpe. Lo primero que vi fue el rostro de Nick, su expresión llena de preocupación mientras me sostenía entre sus brazos. Detrás de él estaban Klior y mi abuela, mirándome con ansiedad.
Nos encontrábamos en el suelo. Por un momento, la confusión reinó en mi mente, desordenando mis pensamientos. Me incorporé lentamente, aún aturdido.
La primera en hablar fue mi abuela. —¿Estás bien, Troy? —preguntó con evidente inquietud—. ¿Qué te pasó?
Llevé una mano a la cabeza, intentando organizar lo que había vivido. —Estábamos volando… —comencé a explicar—. Y de repente, todo se oscureció.
Respiré hondo, recorriendo con la mente lo que acababa de experimentar. —Un recuerdo de Jeff vino a mi mente.
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Editado: 19.03.2026