Dominios mágicos

32 - La Revelación de Nocthyrax

Uno a uno comenzamos a acercarnos hasta formar un círculo alrededor del enorme dragón oscuro. Sus escamas negras reflejaban la luz del atardecer, como si fueran fragmentos de obsidiana viva brillando con misterio. Todos lo mirábamos con atención, expectantes, esperando respuestas.

Nocthyrax observó a cada uno de nosotros antes de hablar, su voz resonando con una profundidad que parecía atravesar el aire.

—Sé que les he causado muchas dudas —comenzó, su tono cargado de seriedad—. Dudas que van desde la profecía, hasta la razón por la cual Troy está teniendo recuerdos de Jeff.

Antes de que pudiera continuar, Nyssariel dio un paso adelante, su imponente figura verde moviéndose con una gracia ancestral.

—No solo eso —intervino con firmeza—. También debes explicarnos por qué no apareciste en el pasado, cuando nuestra Flights fue destruida.

Sus ojos brillaron con una intensidad que hacía eco en el ambiente.

—¿Por qué apareces ahora… cuando solo quedamos seis dragones? —preguntó, su voz resonando como un desafío.

Las palabras de Nyssariel pesaron en el aire, y un silencio tenso se instaló entre nosotros. Nocthyrax guardó silencio por un instante antes de responder.

—En aquel entonces… yo no estaba despierto.

Fruncimos el ceño, luchando por asimilar sus palabras.

—Durante esa batalla —continuó— me encontraba sumido en un sueño profundo, provocado por la gran guerra que los dragones libramos contra los cíclopes siglos atrás.

Sus ojos oscuros se entrecerraron levemente, como si recordaran un pasado muy lejano.

—La cantidad de magia liberada el día en que Thalorion selló a los seres oscuros… fue lo que despertó mi espíritu.

Un murmullo silencioso recorrió el grupo, una inquietud palpable que nos envolvía.

—Desde mi forma espiritual —prosiguió— pude ver todo lo que ocurrió.

Su mirada se volvió más intensa, como si cada palabra que pronunciara traía consigo el peso de los siglos.

—Sentí cómo Thalorion utilizó magia que no provenía únicamente de Nyssariel.

Nyssariel lo miró con sorpresa, su expresión reflejando incredulidad.

—Fue más allá de eso.

—Extrajo poder de todos los antepasados de Nyssariel, de toda la línea ancestral de dragones que había existido antes que nosotros.

El aire pareció volverse más pesado, cargado de una tensión que apenas podíamos soportar.

—Con esa magia lanzó un hechizo triple.

Todos permanecimos en silencio absoluto, como si cada palabra de Nocthyrax se convirtiera en un juramento sagrado.

—El primer hechizo encerró a los seres oscuros dentro del cometa.

—El segundo enlazó los espíritus de los cinco dragones caídos al cometa.

—Y el tercero…

Sus ojos se fijaron en nosotros, como si nos penetraran hasta el alma.

—Permitió recuperar los espíritus de Mairena, Jorrad y Jeff.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar su nombre.

—Sus espíritus también fueron enlazados al cometa —prosiguió—. Pero, a diferencia de los dragones, ellos recibieron una elección.

Hizo una pausa que se sintió eterna.

—Podían abandonar el cometa y renacer cuando ellos quisieran.

El silencio se volvió absoluto, las palabras resonando en nuestras mentes, empujándonos hacia un abismo de revelaciones.

—Los dragones, en cambio, solo podían abandonar el cometa cuando Thalorion llegara a una edad avanzada y su cuerpo ya no pudiera resistir más.

Keiden parecía completamente concentrado, sus ojos brillando con un leve destello de comprensión.

—Mairena y Jorrad aprovecharon la primera vez que el cometa volvió a pasar cerca de la Tierra.

—Renacieron —dijo con una mezcla de sorpresa y asombro.

—Cuando los bebés en los que reencarnaron crecieron… no recordaban nada de sus vidas pasadas. Pero el destino… tenía otros planes.

Nocthyrax sonrió levemente, su expresión distendida contrastando con la gravedad de sus palabras.

—Se encontraron. Se enamoraron. Se casaron. Y formaron una familia.

Maika respiró con sorpresa, asimilando el relato.

—Años después murieron por la vejez… pero su legado continuó.

Fue entonces que Nocthyrax giró su mirada hacia Keiden, como si compartiera algún secreto oculto.

—Y míralo ahora… cómo el destino mueve sus hilos.

Hubo un breve silencio antes de que pronunciara las siguientes palabras.

—Maika… el destino ha jugado su papel. Ahora estás luchando al lado del tataranieto de Mairena y Jorrad.

Todos giramos hacia Keiden, la revelación flotando en el aire.

—Ese eres tú.

Nadie dijo nada durante varios segundos; la magnitud de lo que acabábamos de escuchar era abrumadora. Finalmente, fue Maika quien rompió el hechizo del silencio.




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