A la mañana siguiente, nos despertamos antes de que el sol comenzara a asomarse entre las montañas. El cielo todavía estaba vestido de un profundo tono azul oscuro, mientras la luna se ocultaba lentamente, como si se despidiera de nosotros por un tiempo. El aire era frío y fresco, y el silencio del amanecer envolvía el campo, haciendo que todo pareciera aún más solemne.
Frente a nosotros, se extendía el vasto campo de entrenamiento que los dragones habían creado. Todo en ese lugar parecía estar diseñado para una sola finalidad: convertirnos en guerreros dignos de nuestra herencia.
Nyssariel fue la primera en romper el silencio, su voz resonando con una claridad implacable.
—Durante el primer mes, entrenarán para despertar y aumentar su poder. Solo cuando su energía esté completamente sincronizada con la nuestra podrán invocar sus armas.
Las miradas se cruzaron entre nosotros, cada uno entendiendo la gravedad de la situación. La guerra se acercaba, y cada segundo de entrenamiento contaba.
Sara dio el primer paso, decidida y llena de determinación. Xyndra extendió sus enormes alas y se elevó hacia el cielo, llenando el aire con una sensación poderosa. Sara lo siguió de inmediato, ascendiendo con una naturalidad impresionante, como una extensión de la misma corriente de aire.
Su entrenamiento se centraba en controlar la gravedad en pleno vuelo. A su alrededor, Xyndra creó enormes rocas flotantes.
—Aumenta su gravedad —ordenó con firmeza.
Con un leve gesto, Sara extendió su mano, y las rocas comenzaron a caer, pesadas como montañas. Pero antes de que tocaran el suelo, conjuró su magia, cambiando el flujo de gravedad y lanzándolas nuevamente hacia el cielo.
La verdadera prueba comenzaba entonces. Los dragones crearon ilusiones de enemigos voladores, y Sara debía elevarlos, quitarles la gravedad y dejarlos caer a velocidades devastadoras. Cada caída simulaba un impacto capaz de quebrar huesos. Su control debía ser perfecto, pues un fallo significaría el peligro de un aliado en una verdadera batalla.
Mientras tanto, Velkranor llevó a Hinty hacia un enorme lago que cubría casi todo el terreno del campo de entrenamiento. Hinty, con una mirada centrada, extendió las manos, invocando el agua. Con un movimiento sutil, el agua comenzó a levantarse, primero formando pequeñas esferas, luego afiladas espadas y, finalmente, imponentes muros.
—¡Más densidad! —rugió Velkranor con aprobación.
Hinty, sumido en su concentración, cerró los ojos, y el agua empezó a endurecerse. Las espadas líquidas adquirieron la solidez del acero. Velkranor no tardó en atacar, lanzando enormes rocas hacia él. Hinty, sin dudar, transformó el agua en escudos, lanzas y cuchillas giratorias. Con cada ataque, su control se volvía más preciso, como un maestro en su arte.
Keiden fue llevado por Ithryss a la plataforma más alta del campo de entrenamiento. Desde esa vista privilegiada, se podía ver toda la grandiosidad del lugar: plataformas flotantes, pilares gigantes y círculos de energía que recorrieron el suelo como ríos de magia, activos y vibrantes.
Al principio, pensé que su entrenamiento sería sencillo, pero pronto me di cuenta de mi error. Ithryss lo observaba con una mirada severa mientras el sol ascendía en el cielo.
—Tu poder proviene de la luz de la luna —dijo el dragón en un tono profundo—, pero la guerra no siempre esperará a que llegue la noche.
Keiden, frunciendo el ceño, replicó.
—Entonces… ¿qué debo hacer?
Las alas de Ithryss se extendieron lentamente, una sombra abrumadora.
—Debes aprender a llamar a la luz de la luna incluso cuando no está en el cielo.
Los primeros días, Keiden intentó hacerlo levantando las manos hacia el cielo, pero no sucedía nada. La luz del sol dominaba el firmamento, sin rastro de la luna. Ithryss, con una calma sabia, negó lentamente.
—No busques la luna en el cielo.
El dragón tocó suavemente el pecho de Keiden con una de sus garras.
—Búscala aquí.
El silencio cayó sobre la plataforma, cargado de expectativa. Keiden cerró los ojos, inmóvil en su intento de establecer esa conexión. Durante horas, permanecía así, intentando sentir la resonancia que tenía con Ithryss.
Yo lo observaba desde otra plataforma, sintiendo el peso del tiempo mientras entrenaba con Aelyndra. Los días pasaron lentos, hasta que un momento mágico ocurrió.
Keiden extendió su mano hacia el cielo. Durante un instante, parecía que nada pasaría. Pero luego, como un destello de esperanza, una tenue luz plateada comenzó a rodear su cuerpo. No venía del cielo, sino que surgía desde lo más profundo de su ser, como si una pequeña luna estuviera naciendo dentro de él.
Ithryss rugió con aprobación.
—Lo has encontrado.
La luz se intensificó, y en la mano de Keiden, lentamente apareció una lanza hecha de pura energía lunar, tan brillante que incluso bajo la luz del día parecía una estrella.
Sonriendo por primera vez en días, Keiden exclamó.
—Entonces… puedo usarlo incluso de día.
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Editado: 19.03.2026