El amanecer llegó silencioso sobre nosotros. Una ligera neblina cubría el campo de entrenamiento que los dragones habían creado para nosotros. Durante meses, ese lugar se había convertido en nuestro hogar, en nuestro campo de batalla, y en el sitio donde habíamos llevado nuestros poderes más allá de lo que alguna vez imaginamos.
Sin embargo, aquella mañana se sentía distinta. El aire estaba cargado de una energía antigua, palpable e inquietante. Algo estaba cambiando en el mundo… y todos podíamos sentirlo.
Me levanté antes que los demás y caminé hasta una de las grandes rocas que dominaban el campo. Desde allí, podía ver a los seis dragones descansando. Incluso en reposo, su sola presencia llenaba el lugar de una fuerza imponente, como si cada uno de ellos guardara secretos ancestrales en su interior.
Detrás de mí, escuché pasos suaves.
—Sabía que te encontraría aquí —dijo Maika, acercándose con un aire de tranquilidad que contrastaba con mi agitación interna. Se sentó a mi lado mientras juntos observábamos el horizonte, iluminado por el sol naciente.
—Hoy empezamos —continuó, su voz era un murmullo sereno, como el canto de un arroyo.
Asentí lentamente, sintiendo la responsabilidad pesar en mis hombros.
—Enséñame —respondí, determinado.
Maika me llevó al centro del campo de entrenamiento. Los demás y los dragones se acercaron, sus miradas curiosas llenas de expectación. Sabían que lo que intentaríamos hacer nunca se había logrado antes.
Ella se arrodilló y extendió su mano hacia la tierra, como si pretendiera hablar con el suelo mismo. Con la punta de su dedo, comenzó a dibujar un símbolo. Cuando terminó la última línea, el símbolo empezó a brillar con una luz tenue que pulsaba como el corazón de la tierra.
—Las runas —dijo, su voz llena de confianza y poder— no son solo símbolos.
El brillo se intensificó ligeramente, llenándonos de energía.
—Son ideas convertidas en magia —agregó, sus ojos fijos en los míos.
Me incliné para observar mejor el trabajo de su mano. El símbolo estaba formado por varias líneas que se conectaban entre sí, como un antiguo lenguaje que resonaba en el fondo de mi ser. Entonces, Maika pasó a dibujar otra runa. Esta ardió con una pequeña llama, vibrando con vida en la luz matutina.
—Esta representa energía. —contestó, sonriendo para sí misma, como si recordara un antiguo secreto.
Luego, dibujó otra. El aire a su alrededor vibró suavemente, llenando el espacio con una corriente de poder.
—Esta representa invocación —explicó, y el sonido de su voz era un hechizo en sí mismo.
Después, trazó una tercera línea. La tierra tembló bajo nuestros pies, mostrando que estaba viva y consciente de lo que sucedía.
—Y esta… —dijo, mirándome intensamente— representa transformación.
Se volvió hacia mí, su expresión seria pero alentadora.
—Las runas más poderosas nacen cuando combinas varias ideas en un solo símbolo.
Cerré los ojos, recordando lo que Velkranor nos había enseñado meses atrás. La pequeña línea de magia que nos conectaba con nuestros dragones. Esa misma conexión que habíamos aprendido a usar para invocar nuestras armas, una extensión de nuestras propias almas.
Ya no necesitaba buscarla. La sentía constantemente dentro de mí, como una corriente de energía que fluía entre Aelyndra y yo. Era cálida y viva, una llama eterna en mi interior. Sentí su presencia de inmediato, firme y poderosa.
—Exacto —dijo Maika, observando la concentración en mi rostro—. Usa esa conexión.
—Las runas no se crean con las manos —continuó, su voz como un susurro que resonaba en mi mente—. Se crean con el alma.
Respiré profundamente, sintiendo el aire fresco llenar mis pulmones. Extendí mi mano hacia el suelo, la tierra fría bajo mis dedos me proporcionó una extraña y reconfortante sensación, como si la historia misma estuviera en contacto conmigo.
Pensé en lo que quería lograr. Liberar a los dragones. Romper la oscuridad. Despertar a los espíritus que habían sido corrompidos. Lentamente, empecé a dibujar. Una línea. Luego otra. Después, un círculo incompleto que conectaba todas las marcas.
La tierra comenzó a vibrar suavemente, como si respondiera a mi llamado. Los dragones levantaron la cabeza, sintiendo el cambio en el aire, la anticipación creando un murmullo entre ellos. La magia empezó a concentrarse alrededor del símbolo, y sentí el fuego azul arder dentro de mí, vibrando con la fuerza de mi deseo.
La voz de Aelyndra resonó en mi mente.
—Troy… tú puedes lograrlo.
Sentí cómo su poder fluía hacia mí, entrelazándose con el mío.
—Haz esa runa.
Apreté los dientes y terminé el símbolo. Durante un segundo… pareció funcionar.
Pero entonces— ¡CRACK! La tierra se abrió bajo el símbolo. La runa se rompió y una onda de energía se dispersó por el suelo. El intento había fallado.
Me quedé mirando el lugar donde había estado la runa, impotente. Maika puso una mano sobre mi hombro.
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Editado: 19.03.2026