El día que lo vi allí, en esa casa donde habían solicitado mis servicios… era él.
Ronaldo.
Sentí un nudo en el estómago tan fuerte que por un momento pensé que me faltaba el aire.
Nunca nadie había logrado moverme de esa forma, hacerme sentir tan bien y tan mal al mismo tiempo.
Era como si su sola presencia tuviera el poder de desordenar todo dentro de mí.
No me elige…
pero tampoco me deja ir.
Y esa era la peor parte.
A veces solo quisiera desaparecer.
Irme de este país y no volver a verlo nunca más.
Tal vez así podría olvidarlo.
Tal vez así mi corazón volvería a estar en silencio.
Pero la vida parecía empeñada en cruzarnos una y otra vez.
Llegué a mi casa con lágrimas en los ojos, pensando en todo lo que había ocurrido esa noche.
En su mirada.
En su silencio.
En todo lo que ninguno de los dos se atrevía a decir.
Y así, entre pensamientos que no me dejaban descansar…
finalmente terminó mi día.
Al día siguiente, muy temprano, recibí un mensaje.
“Buenos días, Layla.”
Era el señor Ronaldo.
Miré el teléfono y no pude evitar reírme.
—Wow… el universo trabaja de formas muy raras —murmuré para mí misma—. Otro Ronaldo en mi vida.
Le respondí por cortesía.
A los pocos minutos me pidió que nos viéramos para almorzar.
Acepté.
Cuando llegó la hora del encuentro, fui al mismo hotel elegante donde siempre nos veíamos.
Como de costumbre, todo era discreto, silencioso… casi perfecto.
Allí estaba el señor Ronaldo.
Elegante, impecable, con esa calma que siempre lo rodeaba.
Me recibió con gentileza y, después de saludarme, fue directo al punto.
—Disculpa que te haya pedido vernos de forma tan repentina —dijo—, pero necesitaba hablar contigo.
Yo asentí con tranquilidad.
—No se preocupe. Entiendo.
Entonces suspiró ligeramente antes de continuar.
Me explicó que su esposa estaba muy intensa últimamente, sospechando de sus horarios y de sus ausencias.
Por un tiempo, no podría seguir viéndome.
No quería tener problemas en su casa.
Yo solo respondí con serenidad.
—Está bien. Agradezco que me lo haya dicho.
Parecía sorprendido por mi reacción, pero en realidad… sentí algo muy distinto.
Alivio.
Antes de irse, sacó un sobre y lo dejó frente a mí.
—Layla, toma. Para lo que necesites.
Asentí, agradecida.
Después se levantó y se marchó.
Me quedé unos segundos mirando el sobre sobre la mesa, pensando que tal vez este era el comienzo del final de esa doble vida.
Pronto podría dejar todo atrás.
Quería dedicarme a lo que realmente amaba.
Tener una vida tranquila.
Una vida estable.
El amor… conmigo nunca había sido muy amable.
Pero aún así, no perdía la esperanza de que algún día llegara alguien que me mirara de verdad… que me viera tal como soy.
Eso era lo que decía mi mente.
Pero mi corazón…
mi corazón seguía amando a Ronaldo.
#5694 en Novela romántica
#1996 en Otros
drama amor suspenso mentiras secretos, romance +18, romance +18 y secreto
Editado: 27.03.2026