Donde aún vive tu nombre

Un nuevo comiezo

Luego de pasar la noche con él, llegué a casa todavía con su olor en mi piel.
Me sentía extrañamente tranquila… como si por fin todo estuviera en su lugar.

Dejé mi bolso sobre la mesa, me quité los zapatos y me serví un vaso de agua.

Fue entonces cuando escuché la vibración del teléfono.

Un mensaje.

Lo tomé sin mucho interés… pero al ver el nombre no pude evitar reír un poco.

Sr. Ronaldo.

—Vaya coincidencia… —murmuré.

Parecía que el universo tenía un extraño sentido del humor. Después de haber pasado la noche con su hijo… ahora me escribía él.

El mensaje era simple.

"¿Podemos vernos al mediodía? Me haría falta verte."

Me quedé mirando la pantalla unos segundos.

La verdad… ya no tenía ningún deseo de verlo. Sentía que esa parte de mi vida comenzaba a quedarse atrás.
Quería dejar esa doble vida.

Quería estar bien… con mi Ronaldo.

Así que respondí con una pequeña mentira.

"Hoy no puedo. Estoy fuera de la ciudad."

Tardó apenas unos minutos en contestar.

"Está bien. Luego coordinamos."

Hasta ahí terminó la conversación.

Todo parecía normal.

Esa noche Ronaldo vino a mi casa.

Subió como siempre, con esa seguridad tranquila que lo caracterizaba. Pasamos un rato juntos, hablando, riendo, olvidándonos del mundo.

Las semanas comenzaron a pasar así.

Él venía.

Se iba.

Volvía.

Era un ir y venir constante que poco a poco se fue convirtiendo en una rutina peligrosa… pero hermosa.

Hasta que una noche todo cambió.

Estábamos en mi apartamento.
Mi teléfono estaba sobre la mesa del salón mientras yo estaba en el baño.

Cuando regresé, Ronaldo estaba mirando la pantalla.

Su expresión ya no era la misma.

—Joss… —dijo lentamente— ¿por qué él te está escribiendo?

Sentí que el estómago se me cerraba.

Tomé el teléfono.

El nombre estaba allí.

Sr. Ronaldo.

—Josselyn—continuó él, usando mi nombre completo— pensé que habías dejado esa vida.

Me quedé en silencio unos segundos buscando las palabras correctas.

—Claro que sí… pero sabes cómo son algunos clientes. Insisten.

Él me miró con una mezcla de duda y preocupación.

—Joss… sabes que no me gustan las mentiras.

Respiré profundo.

—Lo sé. Pero no pasa nada. Si eso te hace sentir más tranquilo… lo bloqueo ahora mismo.

Ronaldo se quedó observándome.

—Solo quiero que estemos bien —dijo finalmente—. Tengo que cuidarme… no puedo exponerme así.

Asentí.

—Lo entiendo.

Sin dudarlo más, abrí el contacto y lo bloqueé frente a él.

El tema quedó allí.

O al menos eso creí.

Al día siguiente, mi teléfono sonó.

Era una llamada.

Número desconocido.

Contesté.

—¿Por qué me bloqueaste?

Reconocí inmediatamente la voz del Sr. Ronaldo.

Guardé silencio un segundo antes de responder con calma.

—Señor Ronaldo… ya no estoy disponible. Necesito centrarme en mis cosas. No puedo continuar en esta situación.

Del otro lado de la línea hubo un silencio largo.
Como si estuviera analizando cada palabra.

—Entiendo… —dijo finalmente— pero me gustaría verte una última vez.

Suspiré.

—No creo que sea prudente.

—Tranquila —respondió con serenidad—. Esto queda entre tú y yo. Solo quiero despedirme… y darte algo.

No supe por qué… pero acepté.

Nos vimos esa misma noche.

El encuentro fue tranquilo.
Sin tensiones.

Hablamos durante horas, recordando momentos, cerrando capítulos.

Antes de irse, sacó una pequeña caja.

Dentro había un hermoso collar con un cuarzo rosa.

—Sé que te gustan —dijo con una leve sonrisa.

Lo tomé entre mis manos.

Era precioso.

—Gracias… —susurré.

Esa fue nuestra última noche.

Un cierre.

La decisión definitiva de dejar atrás esa doble vida… y centrarme en el amor que realmente quería en mi vida.

Ronaldo.




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