Donde aún vive tu nombre

La noche con Joss

Luego de salir de la casa de Joss, me quedé unos segundos inmóvil frente al volante, con las manos apoyadas sobre él y un nudo duro en la garganta.

No sabía qué decir.

No sabía cómo explicar lo que acababa de pasar.

El motor del auto seguía apagado. La calle estaba en silencio, apenas iluminada por la luz amarilla de un poste que parpadeaba de vez en cuando. Respiré hondo, intentando ordenar algo dentro de mí… pero era imposible.

Verla otra vez me había devuelto años de vida de golpe.

Joss siempre había sido así.

Bella… pero no de una forma superficial. No era solo su rostro, ni la forma en que la luz tocaba su piel o cómo su cabello caía sobre sus hombros cuando se movía.

Era algo más profundo.

Era esa manera tan genuina de estar en el mundo. Esa mezcla de fuerza y fragilidad que siempre me desarmaba.

Exageradamente hermosa.

Peligrosamente hermosa.

Y ese era exactamente el problema.

Cerré los ojos un momento, apoyando la frente contra el volante.

Tenía que volver, volver a mi vida. La estructura que había construido durante cinco años.

A la estabilidad que había elegido cuando decidí que el amor, por sí solo, no era suficiente para sostener una vida.

Katie estaba conmigo desde hacía cinco años, cinco años de decisiones correctas.

Cinco años de planes organizados.

Cinco años construyendo un futuro que tenía sentido.

Con ella todo estaba claro, predecible, seguro. En unos meses me iría al extranjero para comenzar mi especialización. El plan estaba hecho desde hacía tiempo.

Y también estaba el matrimonio, Katie y yo nos íbamos a casar, todo encajaba perfectamente. Y aun así… algo dentro de mí seguía vacío.

Era un vacío extraño. No era falta de cariño, ni de respeto, Katie era una buena mujer. Inteligente, elegante, estable.

Pero Joss…

Joss era otra cosa.

Joss era un caos. Era intensidad, era esa sensación peligrosa de sentir demasiado.

Y eso la hacía imposible de olvidar. Apoyé la cabeza contra el asiento y miré el techo del auto.

No podía dejar de verla.

Su cara cuando abrió la puerta.

Su respiración temblando cuando me acerqué. La forma en que sus manos se aferraron a mi camisa cuando la besé.

Todavía podía sentirlo en la piel.

Joss tenía algo que nunca había encontrado en nadie más: la capacidad de hacer que todo lo demás desapareciera por un momento.

Y eso… era adictivo.

Peligrosamente adictivo.

Encendí el motor finalmente, sabiendo que quedarme allí más tiempo solo iba a empeorar las cosas.

Porque en el fondo entendía algo con una claridad brutal:

No podía quedarme.

No podía romper todo lo que había construido, mi vida ya estaba encaminada en otra dirección, aún así, mientras el auto se alejaba lentamente de su edificio, una parte de mí seguía mirando hacia atrás.

Porque en el fondo también sabía otra cosa, esa había sido nuestra última noche juntos. La última vez que el mundo se detuvo entre nosotros, Porque al día siguiente tendría que volver…a mi vida.

Y esta vez, no había espacio para ella dentro de ella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.