Donde comienza el viaje

Capítulo 9: La primera vez que vi el turismo con los ojos del corazón

Hay momentos que cambian la manera en que entendemos una profesión.

No porque ocurra algo extraordinario, sino porque aprendemos a mirar con más atención.

Después de varios meses estudiando turismo, decidí salir un fin de semana a recorrer un lugar histórico. No era una tarea de la universidad. Nadie me había obligado. Simplemente sentía curiosidad por descubrir aquello que tantas veces había leído en los libros.

Mientras caminaba, observaba a las familias tomándose fotografías, a los niños haciendo preguntas y a los guías contando historias con entusiasmo.

Me di cuenta de que el turismo no solo mostraba edificios antiguos o paisajes hermosos.

También despertaba emociones.

Vi a una señora detenerse frente a un monumento. Permaneció unos minutos en silencio antes de decir:

—Qué bonito es conocer la historia de un lugar.

Aquella frase se quedó conmigo.

Comprendí que un destino no se recuerda únicamente por lo que se ve, sino por lo que se siente.

Desde ese día prometí que, si algún día trabajaba en esta industria, nunca olvidaría que detrás de cada visitante existe una historia diferente.

Y que quizá, con una buena atención, podría formar parte de uno de sus mejores recuerdos.

Aquella tarde regresé a casa con el corazón lleno de ilusión.

Estaba aprendiendo que el turismo también tiene el poder de acercar a las personas a sus raíces, a su cultura y a sí mismas.




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