No todos los capítulos de esta historia están llenos de sonrisas.
También existen los días difíciles.
Esos en los que el despertador suena demasiado temprano.
Los trabajos parecen interminables.
Las exposiciones producen nervios.
Y los exámenes hacen que dudes de todo lo que has estudiado.
Hubo una semana especialmente complicada.
Sentía que no podía con tantas responsabilidades.
Mientras veía mis apuntes sobre el escritorio pensé:
—¿Y si no soy lo suficientemente buena para esta carrera?
Era una pregunta dolorosa.
Pero también era sincera.
Después respiré profundamente y recordé el motivo por el que había comenzado.
No estudiaba turismo porque fuera fácil.
Lo hacía porque amaba todo lo que representaba.
Entonces comprendí algo.
Los sueños importantes nunca llegan sin esfuerzo.
Cada sacrificio que hacía hoy estaba construyendo el futuro que imaginaba.
Esa noche no estudié hasta la madrugada.
Simplemente cerré mis cuadernos, descansé y entendí que cuidar de mí también formaba parte del camino.
Porque un profesional necesita conocimientos.
Pero también necesita equilibrio.