A lo largo de la carrera conocí personas muy diferentes.
Profesores apasionados por enseñar.
Compañeros con grandes sueños.
Profesionales que compartían sus experiencias sin esperar nada a cambio.
Cada conversación dejaba una enseñanza.
Recuerdo especialmente a una profesora que dijo algo que jamás olvidaré.
—Los mejores profesionales del turismo no son quienes conocen más destinos.
Son quienes nunca dejan de aprender.
Aquellas palabras cambiaron mi forma de estudiar.
Desde entonces dejé de memorizar únicamente para aprobar exámenes.
Comencé a aprender porque realmente quería comprender.
Leía artículos.
Investigaba lugares.
Veía documentales.
Escuchaba historias de viajeros.
Cada día descubría algo nuevo.
Y cuanto más aprendía, más cuenta me daba de todo lo que aún me faltaba por conocer.
Eso no me desanimaba.
Al contrario.
Me motivaba.
Porque entendí que estudiar turismo significa convertirse en estudiante para toda la vida.