Dónde El Amor También Duele

Días que no preguntan

Samuel dejó de contar los días hace tiempo. No porque no importaran... sino porque todos empezaron a sentirse iguales. El despertador sonaba a la misma hora, el techo se veía igual cada mañana y el peso en el pecho... ese nunca cambiaba. Se levantaba mas por costumbre que por ganas, arrastrando los pies hasta el baño, mirándose al espejo sin realmente verse, y siguiendo. Siempre seguía. Porque eso era lo que hacía: seguir.

El trabajo no era malo. No tenía un jefe insoportable ni un ambiente pesado, pero tampoco tenía algo que lo hiciera sentir vivo. Era como estar en pausa, pero sin poder detenerse. Las horas pasaban lento cuando las pensaba y rápido cuando intentaba recordarlas, y al final del día todo se resumía en lo mismo: CANSANSIO.

Pero no era físico. O al menos no solo eso. Era un cansancio que se le metía en el pecho, que le apretaba las ideas, que le hacía sentir que, aunque descansara, algo dentro de él seguía agotado. Como si vivir pesara.

Samuel pensaba demasiado. Siempre lo había hecho. Pensaba en lo que decía, en lo que no decía, en como lo decían los demás y en lo que significaban los silencios. Sobre todo los silencios, porque había aprendido que ahí es donde más cosas se esconden.

A veces intentaba distraerse: música, videos, conversaciones sin sentido... culaquier cosa que apagara un poco el ruido en su cabeza. Pero siempre volvía. Ese pensamiento constante, esa sensación de que algo no estaba bien, aunque no supieras exactamente qué.

La gente a su alrededor hablaba de planes, de salidas, de metas, de futuros, y él asentía. Sonreía cuando tenía que hacerlo, respondía lo justo. Nadie notaba nada, o al menos eso creía. Porque por dentro todo era distinto.

Kael sentía demasiado, y eso con el tiempo se volvió un problema. Porque no sabía como dejar de hacerlo, no sabía como dejar de hacerlo, no sabía cómo bajar la intensidad, no sabía como ser "normal". Y poco a poco dejó de intentarlo.

Se acostumbró a guardarse las cosas, a no explicar lo que sentía, a no incomodar a nadie con su forma de pensar. A quedarse en silencio incluso cuando por dentro todo gritaba. Había días en los que se preguntaba si siempre había sido así... o si en algún punto simplemente se rompió en silencio.

Pero no buscaba respuestas.

Pensar demasiado ya era suficiente.

Así que seguía.

Un día más.

Otro igual.

Sin preguntarse nada.

Hasta que, sin buscarlo, sin esperarlo... algo estuvo a punto de cambiar.

Y el aún no lo sabía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.