Dónde El Amor También Duele

Coincidencias que no avisan

No fue un día distinto.

Samuel llegó al trabajo como siempre, con el mismo cansancio pegado al cuerpo y la mente en otro lado. Saludó sin mirar demasiado, dejó sus cosas y se preparó para repetir lo mismo de todos los días.

El ruido del lugar era el de siempre, voces, pasos, cosas moviéndose... vida pasando sin detenerse, y él.. solo estaba ahí.

Fue en un momento simple, tan simple que cualquiera lo habría olvidado

-Oye... ¿me puedes ayudar con esto?

La voz no era conocida, Samuel levantó la mirada, casi por reflejo, y la vio, no hubo nada extraordinario en el momento, no se detuvo el tiempo, no sintió algo mágico, solo la vio.

Cabello un poco desordenado, expresión cansada... pero con algo en la mirada que no supo explicar, como si también estuviera lidiando con algo por dentro.

-Si claro- respondió acomodándose un poco.

Se acercó, le explicó lo que necesitaba y el momento terminó igual de rápido como empezó, pero algo se quedó, no en el ambiente, en él.

Pasaron las horas, Samuel intentó seguir como siempre, concentrarse en lo suyo, ignorar su mente como hacía todos los días, pero esta vez... no pudo, porque sinrazón alguna, pensaba en ella, en su voz, en su forma de hablar, en cómo no parecía estar completamente ahí... igual que él.

La volvió a ver más tarde, esta vez no hablaron, solo coincidieron, una mirada rápida, de esas que duran menos de un segundo... pero que se quedan más tiempo del que deberían.

No sabía su nombre, no sabía nada de ella, y aún así... algo había cambiado, no en su vida, pero si en su rutina.

Esa noche, mientras intentaba domir, pasó algo que no era común en él, penso en alguien más... antes que en todo lo que lo atormentaba.

Y sin saberlo... eso ya era demasiado.




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