Pasaron un par de días desde aquel momento; Samuel no volvió a hablar con ella, no porque no quisieran... sino porque no sabía cómo. No sabía su nombre, no tenía una excusa, y tampoco era el tipo de persona que iniciaba conversaciones sin razón, pero pensaba en ella, más de lo que le gustaría admitir.
El trabajo seguía igual, mismas horas, mismos movimientos, misma rutina que ya conocía de memoria, pero había algo diferente; cada cierto tiempo, sin querer, levantaba la mirada... como si esperara verla, y a veces... pasaba. La veía de lejos, concentrada en lo suyo, con esa misma expresión entre cansancio y calma que no lograba descifrar. No hablaban, pero ya no eran completamente desconocidos.
Fue hasta en una tarde, casi al final del turno, cuando todo cambió un poco más. Samuel estaba terminando lo suyo cuando escuchó su voz otra vez.
—Oye...
No hizo falta nada más; levantó la mirada de inmediato, como si su cuerpo ya la reconociera antes que su mente.
- ¿Sí?...
Ella dudó un segundo, como si no estuviera segura de haberlo interrumpido.
—Perdón... otra vez —dijo, con una ligera sonrisa—. Es que no entendí bien esto.
Samuel se acercó; esta vez no fue tan automático, esta vez la miró un poco más.
—No te preocupes —respondió, más tranquilo de lo que se sentía.
Le explicó con calma, señalando lo necesario.
Ella escuchaba con atención, asintiendo de vez en cuando, pero no era solo eso; había algo en la forma en que se quedaba en silencio... como si también estuviera pensando en otras cosas al mismo tiempo.
—Gracias... — dijo al final.
Hubo una pequeña pausa, de esas incómodas... pero no del todo desagradables.
—Soy Nora, por cierto.
Samuel sintió algo tan simple... pero tan extraño en él, como si ese pequeño dato hubiera cambiado más de lo que debería.
- Samuel
Y ahí estaba, ahora tenía nombre. No hablaron mucho más en ese momento; cada quien regresó a lo suyo, pero algo ya no era igual.
Más tarde, cuando el turno estaba por terminar, volvieron a coincidir; esta vez no por necesidad, solo... coincidieron.
-Oye Samuel - dijo ella acercándose un poco.
Él levantó la mirada.
-¿Sí?
-Gracias por ayudarme... no soy muy buena con eso todavía.
Samuel soltó una leve sonrisa.
-No parece... solo te falta agarrarle el ritmo.
-Ojalá - Respondió ella, bajando un poco la mirada-. A veces siento que no me alcanza el tiempo para nada.
Esa frase... le sonó familiar, demasiado.
-Si pasa... -dijo él, casi en automático-. Como que todo se junta.
Ella lo miró, y por un segundo... hubo algo más, como si ambos entendieran exactamente a qué se refería el otro, sin necesidad de explicarlo.
-¿Y llevas mucho aquí? -preguntó ella.
-Lo suficiente como para ya no sorprenderme de nada.
Nora soltó una pequeña risa, no exagerada, no forzada, real, y eso... a Samuel le gustó más de lo que esperaba.
La conversación no duró mucho más, no hablaron de cosas importantes, no compartieron secretos, no pasó nada extraordinario, pero para Samuel si pasó algo.
Esa noche, al llegar a casa, hizo lo mismo de siempre, dejó sus cosas, se sentó, miro el techo. pero esta vez... no se sentía igual.
Por primera vez en mucho tiempo... había algo en su mente que no dolía... Nora.
Y sin darse cuenta... empezó a esperar el día siguiente.