El Sol de la tarde en Caracas no pedía permiso; se filtraba por las rendijas de las persianas de Sofía, dibujando líneas de luz sobre su escritorio lleno de cuadernos y restos de sacapuntas. A sus 14 años, la vida de Sofía se medía rituales: El ruido del ventilador que siempre chirriaba un poco, el aroma del café que su mamá colocaba las 3 de la tarde y el peso de su teléfono en la palma de la mano.
Ese jueves era particularmente lento. Había terminado la tarea de historia y el grupo de WhatsApp de sus amigas del liceo estaba inusualmente callado, sumido en la siesta o en dramas del pasillo que a ella, a veces, le empezaban a parecer distantes. Sofía se dejó caer en la cama, mirando al techo. Sentía esa extraña inquietud de la adolescencia, esa sensación de que el mundo es enorme, pero tu habitación sigue siendo del mismo tamaño siempre.
— ¡Sofi! ¿Vas a querer merienda? — grito su mamá desde la cocina.
—Ahorita voy, ma — respondió ella, sin moverse.
Desbloqueó la pantalla por inercia. Entró en una de esas aplicaciones de foros internacionales que había descargado por curiosidad para practicar idiomas o simplemente para ver qué pasaba más allá del Ávila. Entre publicaciones sobre música, fotos de paisajes y memes que no siempre entendía, un comentario en un hilo sobre "Canciones que te hacen sentir en otro planeta" le llamo la atención.
Un usuario con una foto de un atardecer desenfocado había escrito: ”La música no es para entenderla, es para que te rescate cuando el silencio es demasiado” .
Sofía se quedó mirando la frase. Le pareció algo que ella misma habría pensado, pero nunca se había atrevido a escribir. Sin pensarlo mucho, movida por un impulso de esos que solo te dan cuando estás aburrida y a solas, le dio a "Responder".
@Sofi_Vzla: "Totalmente de acuerdo. A veces el silencio en mi cuarto suena más fuerte que el radio de mis vecinos."
Dejó el teléfono sobre el alma y se levantó para ir a la cocina. No esperaba nada. Al fin y al cabo, internet era un mar de gente y ella solo era una chica con un ventilador ruidoso en un rincón de Venezuela.
Pero antes de cruzar la puerta, el teléfono vibró.
Un mensaje nuevo de @Manuel_Mx.
Sofía se detuvo en seco. Regreso a la cama y leyó la pantalla.
@Manuel_Mx: "Vaya, pensé que era el único que sentía eso. ¿Qué tal el clima por allá, Sofi? Aquí en México el calor está para no salir de casa."
Ella sonrío frente a la luz azulada. No sabía que ese pequeño mensaje, enviado desde miles de kilómetros de distancia por un chico de 19 años al que nunca había visto, era el primer hilo de un nudo que el destino se encargaría de apretar.