Dónde el Ávila toca el Ajusco

Entre horarios y modismos

Campeche siempre guardaba un aire de tranquilidad bajo sus puestas de sol, y Manuel tampoco parecía tener mucha intención de romperla. Su vida era un equilibrio constante entre las clases de la universidad, el calor húmedo del Malecón y esa sensación de que siempre le faltaba tiempo para lo que realmente le apasionaba.

Esa noche, el estaba sentado en su escritorio, rodeado de libros, pero su atención no estaba en los apuntes. Sus ojos volvían una y otra vez a la pantalla del celular que descansaba junto a su lámpara.

— ¡Manuel! ¡Ya deja ese aparato! Tengo rato diciéndote que bajes — Le gritó su hermana desde el pasillo.

¡Ya voy, no manches! ¡Cinco minutos! — Respondió el, soltando una risa breve.

Desbloqueo el teléfono. Tenía un mensaje nuevo de Sofía. A pesar de la distancia y de que tenían unas semanas hablando, conversar con ella se había vuelto la parte más ligera de su jornada. Le gustaba su forma de ver el mundo, tan llena de curiosidad a pesar de que ella siempre decía que su vida en Caracas era "Puro correr y resolver"

Sofia: "Aquí hoy se fue la luz 3 horas, así que me puse a dibujar. ¿Como va tu día? ¿Mucho estudio, Carnal?"

Manuel sonrió al leer el "Carnal". Le encantaba cómo ella empezaba a adoptar sus expresiones, mezclándolas con su propio acento Venezolano. Era una danza de palabras que acortaba la distancia.

Manuel: "Qué mala onda lo de la luz, pero al menos te sirvió para crear algo. Mi día.... pues, pesado. La uni me trae loco, pero leerte siempre es el mejor 'break'. Por cierto, ¿Qué dibujaste? A ver si luego me dejas verlo."

Se quedó mirando el "visto" en la pantalla. Sabía que había una diferencia de edad, una brecha de cinco años que en la vida real a veces parecía un abismo, pero en el chat no existía. Para él, Sofía no era solo "una niña de 14"; era alguien que entendía la música y el silencio de una forma que sus amigos en la ciudad no lograban captar.

Sin embargo, a veces el destino lanzaba recordatorios silenciosos. Manuel tenía planes de graduarse, de trabajar, de viajar; Sofía aún tenía que terminar el bachillerato y lidiar con los retos de su país. Eran dos líneas paralelas que, por leyes de la física, no deberían cruzarse, pero que la señal de WI-FI se empecinaba en curvar.

Sofía: "Es un secreto por ahora, solo te diré que tiene que ver con una canción que me recomendaste. Manuel... ¿Alguna vez te sientes solo aunque estés rodeado de gente?"

Manuel dejó de jugar con su bolígrafo, Esa pregunta le golpeó el pecho, Él, en una ciudad de murallas y leyendas, a veces se sentía más acompañado por una chica que vivía al otro lado del mapa que por cualquiera que estuviera cerca.

Manuel: "Todo el tiempo, Sofi. Pero desde que hablamos, ese vacío se siente menos grande".




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