Donde el corazón no sobrevive. (cruzaste el mundo por mi)

Capítulo 47- Donde comienza la vida

El abrazo no era casual.

Akane estaba aferrada a él con una necesidad que ya no intentaba ocultar. Su rostro descansaba contra el pecho de Pedro, justo donde aún dolía… pero él no se apartó.

No podía.

No quería.

Porque después de todo… ese dolor también significaba que seguía ahí.

Vivo.

Pedro deslizó lentamente su mano por la espalda de ella, en un gesto torpe, todavía limitado por su recuperación. Sus dedos se detuvieron entre sus omóplatos, sosteniéndola.

Como si temiera que desapareciera.

Fue entonces cuando Akane habló.

—Pedro… —su voz fue baja, contenida—

tengo algo que contarte.

El tono bastó.

Pedro se tensó apenas.

No de forma evidente… pero sí real.

—¿Pasa algo?

Akane no respondió de inmediato.

Se separó lentamente del abrazo y lo miró. Sus ojos no estaban tristes… pero tampoco tranquilos.

—Siéntate conmigo… —murmuró.

Pedro obedeció sin discutir. Se acomodó con cuidado en la cama, reprimiendo el gesto de dolor que aún aparecía al moverse. Akane se sentó frente a él, girando ligeramente el cuerpo hacia él, como si necesitara cercanía… pero también espacio para decirlo.

Sus manos se buscaron.

Se encontraron.

Pero esta vez… Akane las sostuvo con más fuerza.

—En unos días… tengo una cita al médico.

Pedro frunció el ceño de inmediato.

—¿Al médico?

El cambio en su expresión fue instantáneo. La calma desapareció.

—Akane… —su voz bajó—

¿estás enferma?

El miedo regresó.

Rápido.

Brutal.

Instintivo.

Akane negó suavemente.

Pero estaba nerviosa.

Se notaba en la forma en que evitaba sostenerle la mirada por más de unos segundos. En cómo sus dedos jugaban con los de él… como si buscaran valor.

—No… no es eso…

Respiró hondo.

Y entonces, en lugar de responder directo…

viajó.

—Chile… —susurró—

fue lo mejor que me ha pasado en la vida.

Pedro parpadeó.

Confundido.

Akane sonrió apenas, una sonrisa cargada de recuerdos.

—Los paseos…

la forma en que caminábamos sin rumbo…

la pelea con harina en la cocina…tu forma de amarme, besarme.

Un leve brillo apareció en sus ojos.

—Ahí… todo era simple.

Pedro la observaba sin entender.

Pero no la interrumpió.

—Ahí comenzó todo… —añadió ella.

El ceño de Pedro se marcó más.

—Akane… —murmuró—

no te sigo…Me estás preocupando.

Ella tragó saliva.

Y por primera vez… se permitió mostrarse vulnerable de verdad.

—No sé cómo afrontarlo… —admitió—

no sé si estoy lista…

Sus ojos volvieron a él.

Firmes ahora.

—Pero sé algo.

Apretó su mano.

—Que contigo… lo vamos a hacer de la mejor forma.

El corazón de Pedro empezó a latir más rápido.

Algo no encajaba.

Algo importante venía.

Y no sabía si estaba preparado.

—Akane… —su voz bajó, tensa—

¿qué está pasando?

Ella no respondió con palabras.

No de inmediato.

En cambio…

tomó su mano.

Y la llevó lentamente hacia su vientre.

El contacto fue suave.

Pero suficiente para que el mundo cambiara.

Akane sostuvo su mano ahí.

Sin retirarla.

Sin escapar.

Y entonces…

lo dijo.

—Estoy embarazada.

El aire desapareció.

—Vas a ser papá.

Silencio.

Pedro la miró.

Fijo.

Como si su mente hubiera dejado de procesar información.

—¿…que..que.qué?

Una pausa.

Su respiración se desordenó.

—¿Qué…?

Y entonces… algo extraño ocurrió.

Sonrió.

Pero no era una sonrisa clara.

Era una que nacía entre incredulidad… y algo más profundo.

Sus ojos comenzaron a llenarse.

—¿Tenemos un… bebé?

Su voz se quebró apenas.

Akane asintió.

Y eso fue todo lo que necesitó.

Pedro soltó una pequeña risa entrecortada, llevándose una mano al rostro mientras las lágrimas comenzaban a caer sin permiso.

—Voy a ser padre… —susurró, como si lo estuviera descubriendo en tiempo real—

voy a ser padre…

Levantó la mirada hacia ella.

Distinta.

Abierta.

Viva.

—¡Voy a ser padre!

Akane no pudo contener la risa. Una risa suave, luminosa, atravesada por emoción.

—Sí… —dijo entre una exhalación temblorosa—

y la cita al médico…

hizo una pequeña pausa, disfrutando el momento—

—es la primera ecografía.

Pedro volvió a reír, negando con la cabeza, completamente sobrepasado.

—Quiero estar ahí… —dijo de inmediato—

quiero estar contigo…

la miró, con una ternura que ya no tenía defensas—

—y con Pedrito.

Akane soltó una carcajada.

—Oye… —lo empujó suavemente—

todavía es muy temprano para saber eso.

Pedro sonrió.

Pero no bajó la intensidad de su mirada.

—Igual… —murmuró—

yo ya lo quiero.

El silencio que siguió fue distinto.

Más cálido.

Más lleno.

Pedro respiró hondo, intentando ordenarse.

—¿Te has sentido bien? —preguntó, ahora más serio—

¿no has tenido molestias?

Akane negó.

—No… he estado bien.

Pedro asintió, procesando todo aún.

—¿Tu padre… sabe?

Akane dudó un segundo.

—Sí… —respondió finalmente—

pero no hemos hablado mucho del tema.

Pedro bajó la mirada un instante.

Pensando.

Y luego volvió a ella.

Decidido.

—Pase lo que pase… —dijo—

yo voy a estar contigo.

No había duda en su voz.

—Me voy a quedar en Japón.

Akane parpadeó, sorprendida.

—Voy a buscar trabajo… —continuó—

voy a estudiar japonés…

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

—Además… tu papá quiere enseñarme costumbres japonesas…

—hizo una pequeña pausa, casi divertido—

hasta me dijo Giri….ahhhh…Giri no musuko?

Akane lo miró… y no pudo evitar reír.




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