Capitulo 4
La primera vez que vi el edificio del proveedor fue desde la ventana del vehículo, era imposible no levantar la vista.
El vidrio cubría casi toda la fachada y reflejaba el cielo gris de Nueva York con esa elegancia que parecía reservada únicamente para Manhattan.
Esta vez entraba como directora de Maison Solène.
—¿Lista? —preguntó Paola mientras apagaba la pantalla de su tableta.
La miré de reojo y sonreí.
—Eso espero.
Antes de bajar acomodé el blazer sobre mis hombros, con los años entendí que la ropa siempre hablaba antes que uno. Llevaba un enterizo sastre color marfil de corte recto, un blazer estructurado del mismo tono y unos stilettos nude. Elegante, sobrio y profesional.
Exactamente la imagen que quería proyectar.
El vestíbulo era tan impecable como imaginaba, nos anunciamos en recepción y una asistente nos condujo hasta la sala de juntas.
Mientras avanzábamos por el pasillo respiré hondo una sola vez.
No estaba nerviosa, solo quería que todo saliera bien.
La puerta se abrió.
Alejandro fue el primero en levantar la vista y nuestros ojos se encontraron apenas un segundo.
—Buenos días
Su voz hizo que volviera al presente.
—Buenos días.
Saludé al resto de los asistentes antes de tomar asiento junto a mi equipo de trabajo.
Alejandro esperó a que todos estuvieran acomodados para comenzar.
—Antes de iniciar, quiero presentarles a Gabriel Ramírez, nuestro gerente comercial. Estuvo de vacaciones durante nuestra primera reunión y, a partir de hoy, será quien lidere todo el proceso comercial entre ambas compañías.
El hombre sentado a su derecha se puso de pie.
Debía rondar los veintiocho años. Tenía esa facilidad para sonreír qué hacía sentir cómodas a las personas casi de inmediato.
—El Dr Cooper me habló muy bien de Maison Solène —comentó—. Tenía muchas ganas de conocer el proyecto.
No pude evitar mirar a Alejandro.
Él simplemente abrió una carpeta como si aquella frase no tuviera ninguna importancia.
—Espero no decepcionarlos —respondí con una sonrisa.
Gabriel soltó una pequeña risa.
—Créeme, vine dispuesto a comprobar justamente lo contrario.
No sonaba desafiante, sonaba curioso.
Y eso, por alguna razón, me hizo enderezarme un poco en la silla.
La reunión comenzó pocos segundos después.
Los primeros minutos transcurrieron entre cifras, cronogramas y proyecciones. Todo avanzaba con la normalidad propia de una negociación importante, hasta que Gabriel cerró la carpeta que tenía frente a él y apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Antes de continuar, me gustaría profundizar en algunos puntos de la presentación.
Asentí.
Las preguntas comenzaron a llegar una tras otra. Algunas sobre capacidad de producción, otras sobre tiempos de entrega y proyecciones de crecimiento. Eran preguntas técnicas, propias de alguien que acababa de asumir el proceso comercial y necesitaba entender hasta el último detalle antes de comprometer a su empresa.
Respondí cada una con tranquilidad.
En un par de ocasiones, mi equipo complementó la información relacionada con el cronograma y nuestro director financiero aclaró algunos aspectos presupuestales. El resto del tiempo, la conversación fluyó con naturalidad.
—Debo admitir que esperaba encontrar una empresa mucho más pequeña.
—Es un comentario bastante frecuente.
—Supongo que el hecho de que seas una figura pública hace que muchos se queden con una idea equivocada.
No era la primera vez que escuchaba algo parecido.
— Por eso prefiero que conozcan primero la empresa
La conversación continuó apenas unos minutos más, esta vez entre ambos equipos, afinando fechas, documentación y los siguientes pasos del proceso.
Cuando todo estuvo claro, comenzaron las despedidas, intercambiamos un par de comentarios sobre los documentos que aún faltaban por enviar y acordamos las fechas para la siguiente fase del proceso. Poco a poco la sala fue quedando vacía.
Paola terminó de guardar su computador y se acercó a mí.
—Voy bajando con ellos. Te espero en recepción.
Asentí.
—Enseguida voy.
Ella salió junto al resto del equipo de Maison Solène..
Seguí organizando los documentos dentro de mi maletín. Pensé que Alejandro estaba haciendo lo mismo, hasta que escuché su voz.
—Eliana
Levanté la cabeza.
—¿Sí?
Se acercó apenas un par de pasos, manteniendo la misma distancia profesional que había conservado durante toda la reunión.
—Quería comentarte algo antes de que te fueras.
—Claro.
—Como Gabriel ya regresó de vacaciones, él retomará todo el proceso comercial. A partir de ahora será tu contacto principal para cualquier tema relacionado con Maison Solène.
Asentí.
—Lo imaginaba, gracias por avisarme
Volví a guardar unos documentos dentro de la carpeta.
Él seguía ahí.
Levanté la vista otra vez.
—¿Era solo eso?
Por primera vez desde que lo había vuelto a ver, Alejandro pareció buscar las palabras.
Sonrió apenas.
—Sí...
Hizo una pausa tan corta que casi pasó desapercibida.
—Bueno... si en algún momento necesitas algo puedes escribirme
No respondí de inmediato.
—Pensé que acababas de pasarme con el gerente comercial.
— Y lo hice, pero sigues contando conmigo
Intentó romper la tensión con una sonrisa.
Bajé la mirada para terminar de guardar los documentos. Como siempre, golpeé suavemente las hojas contra la mesa hasta que todos los bordes quedaron perfectamente alineados antes de deslizarlas dentro de la carpeta.
—Sigues haciéndolo.
Levanté la cabeza.
—¿Qué cosa?
Señaló la carpeta con una leve inclinación de la cabeza.
—Eso.
Miré mis manos y solté una risa.
—Nunca entregabas un trabajo sin hacer eso antes.
Negué divertida.