DEDICATORIA
A todas las almas que alguna vez se sintieron solas, incomprendidas o defectuosas a causa de una traición. A quienes les rompieron el corazón cuando apenas estaban aprendiendo a amar y tuvieron que armar un escudo de hielo para sobrevivir en el desierto de la desilusión.
A mis verdaderos amigos, aquellos que se convirtieron en mi escudo sin pedir nada a cambio. Y, sobre todo, a mi propio capitán, por ser el santuario, la fuerza y el hogar donde, finalmente, mi invierno encontró su calidez.