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? CAPÍTULO 2: El Nido de la Serpiente

🐍 CAPÍTULO 2: El Nido de la Serpiente

El olor a palomitas de maíz inundaba la habitación de Soledad. La música sonaba a bajo volumen de fondo mientras las dos chicas compartían la cama durante una de sus habituales pijamadas de fin de semana. Se habían criado juntas en el mismo sector, compartiendo juegos desde la infancia, y ante los ojos de los vecinos del barrio, eran las mejores amigas e inseparables. Elizabeth estaba acostada boca arriba, riendo con ingenuidad mientras revisaba su teléfono. Soledad, sentada a su lado con las piernas cruzadas, la observaba en silencio con una sonrisa dulce y compasiva dibujada en el rostro, una sonrisa que ocultaba la marea de envidia y resentimiento que le carcomía las entrañas.

En la mente de Soledad, los pensamientos fluían de una forma muy oscura:

«Mírala. Ahí está, riéndose como si el mundo le perteneciera. Cree que porque tiene esa melena rubia y ese cuerpo que todos los chicos de la secundaria miran, es superior a mí. Odio cómo camina por el pasillo, odio cómo destaca en los deportes y cómo todos se mueren por llamar su atención. No soporta ver que la atención no se centre en ella. Ella brilla demasiado, y cada vez que estamos juntas, siento que me convierto en su sombra. Pero Elizabeth es tonta. Es tan ingenua que piensa que este cariño que le muestro es real. No sabe el poder que tengo sobre ella».

Soledad se inclinó hacia adelante, tomando un cepillo de cabello y comenzando a peinar los largos mechones rubios de Elizabeth con una delicadeza fingida, casi maternal.

—Ay, Eli, tienes un cabello tan hermoso —dijo Soledad con voz suave—. Lástima que a los chicos de la escuela a veces les asuste una chica tan... llamativa. A veces me da miedo que piensen cosas raras de ti por cómo te vistes.

Elizabeth borró un poco la sonrisa, sintiendo el sutil pinchazo en su autoestima, justo como Soledad quería. En su mente, Soledad continuó tejiendo su intriga:

«Es tan fácil sembrar la duda en ella. Su cuerpo podrá ser llamativo, pero su mente es débil. Tengo un lema de vida muy claro con relación a la amistad y los hombres, y es mi mayor secreto: si a ti, amiga, te gusta alguien, y ese alguien no te toma en cuenta, pero en cambio le gusto yo... yo aprovecho. ¿Por qué tendría que desperdiciar una oportunidad si a él no le interesas? No es mi culpa ser más astuta. Por eso disfruto interponerme en cada oportunidad que tiene. Cada vez que noto que un joven le agrada, me muevo entre las sombras, coqueteo, me hago la simpática y me aseguro de ponerme en el medio. Ella no ha podido tener un noviazgo adolescente puro porque yo siempre estoy ahí, como un fantasma, apagando su luz antes de que pueda encenderse. Me alimenta ver cómo se le rompe el corazón y viene a llorar a mis brazos, buscando mi consuelo, sin saber que fui yo quien cortó la cuerda. Ella necesita ser pisoteada un poco para que aprenda cuál es su lugar, y yo me encargaré de que siga necesitando de mi falsa compasión».

—No te preocupes, amiga —le susurró Soledad al oído, dándole un abrazo apretado—. Aunque todos los chicos te dejen sola o jueguen contigo, me tienes a mí. Nosotras siempre vamos a estar juntas




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