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? CAPÍTULO 6: El Eco del Vacío

💔 CAPÍTULO 6: El Eco del Vacío

El silencio de su habitación nunca había sido tan violento. Elizabeth estaba sentada en el suelo, de espaldas contra la cama, con las rodillas pegadas al pecho. La noche había caído hacía horas, pero ella seguía con la misma ropa de la playa, sintiendo la arena seca y la sal pegada a la piel como un recordatorio constante de su humillación.

Fue en esa oscuridad donde el dolor real, aquel que había congelado en la cueva para no darles el gusto de verla caer, la devoró por completo. Las lágrimas comenzaron a rodar en silencio por sus mejillas pecosas, limpiando el rastro de la chica fuerte que fingía ser.

La traición de las dos personas que más estimaba en el mundo le abrió un agujero negro en el pecho. Las preguntas empezaron a dar vueltas en su mente como buitres, atacando directamente su ya frágil autoestima:

«¿Por qué? ¿Por qué siempre me pasa esto a mí? ¿Qué tengo de malo?», se cuestionaba en medio de un sollozo ahogado. «¿Acaso no fui suficiente? Le di todo mi cariño, cambié mis horarios por él, lo busqué en su escuela, cuidé su amor como lo único mío... ¿Por qué con ella sí logró lo que conmigo no? ¿Por qué para él yo solo fui la niña de la relación inocente, mientras con ella buscaba el sexo puro?»

Se miró las manos en la penumbra. El lema de Soledad resonaba en su cabeza como una burla macabra: "Si a ti no te toma en cuenta y le gusto yo, yo aprovecho". Sentía asco. Asco de Gerardo por haber usado su necesidad de seguridad para manipularla y aislarla; y asco de Soledad, la amiga con la que se había criado, la que conocía perfectamente cada una de sus inseguridades y las usó para destruirla desde dentro.

Elizabeth se sentía defectuosa. Pensaba que tal vez su cuerpo llamativo, sus curvas y sus pompas respingonas eran una maldición que solo atraía a personas vacías que querían usarla o apagarla. Se cuestionó si alguna vez alguien la amaría de forma pura y real, o si estaba condenada a que cada persona que le agradara fuera saboteada por la sombra de Soledad. El vacío de la soledad que sentía a los catorce años no era nada comparado con este dolor a los dieciocho; esto era el desierto absoluto. El primer amor de una mujer nunca se olvida, y saber que el suyo había sido una farsa de cuatro años la hacía sentir completamente desamparada en el mundo.




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