🎭 CAPÍTULO 12: Escudo de Lealtad
Mientras Elizabeth hablaba, con los ojos empañados en lágrimas, Matías divisó algo a lo lejos, por encima de su hombro. En la entrada de la playa, oculta entre las sombras, la silueta de Gerardo los observaba con fijeza, vigilando los movimientos de Elizabeth como si todavía tuviera algún derecho sobre ella.
Sin perder la calma, Matías tomó una decisión para protegerla. Se puso justo frente a ella, bloqueando la vista de Gerardo. Con una ternura inmensa, usó sus pulgares para secar las lágrimas de las mejillas pecosas de Elizabeth. La miró a los ojos con un cariño profundo y, en un movimiento suave, se inclinó y le dio un tierno beso en los labios, un breve roce lleno de complicidad. Acto seguido, la volvió a estrechar en un abrazo protector.
Elizabeth, sorprendida pero sintiéndose extrañamente a salvo, respondió a ese abrazo con fuerza.
—Gerardo estaba atrás, mirándote... por eso te di el beso —le susurró Matías al oído con una sonrisita cómplice, rompiendo la tensión del momento.
Elizabeth se separó un poco y sonrió de verdad por primera vez en la noche. En la universidad, eran muy pocos los que sabían que Matías era homosexual, y a partir de ese día, ese beso y ese abrazo se convirtieron en su código secreto. Desde entonces, cada vez que se veían en el campus, se saludaban con un cariñoso beso en los labios, sellando una complicidad inquebrantable.
En ese momento, sentada en la arena, Elizabeth entendió algo crucial. Lo que tanto había estado buscando en círculos sociales falsos o en hombres manipuladores, lo había encontrado allí, en la lealtad pura de un amigo real. Que Matías fuera gay era su vida, a ella no le importaba en lo absoluto; era su amigo, el único que la había abrazado para sostenerla y no para usarla, y eso era lo único que importaba. La tormenta no había terminado del todo, pero por primera vez, Elizabeth ya no estaba sola en el mundo.