🏀 CAPÍTULO 13: La Vida en Movimiento
En la universidad, las cosas cambiaron drásticamente para Elizabeth. El dolor del pasado dejó de ser un ancla para convertirse en el motor que impulsaba sus días. No bajó el ritmo en absoluto; al contrario, se entregó por completo al movimiento. Continuó con sus exigentes entrenamientos de porristas, pero además sumó el patinaje y el básquetbol a su rutina. El deporte ya no era un refugio para esconderse, sino el lugar donde brillaba con luz propia y con una autoestima que, finalmente, se estaba construyendo sobre bases reales y sólidas.
A su lado, como una sombra de lealtad incondicional, estaba Matías. Salían juntos para todos lados, compartiendo almuerzos en el campus, tardes de estudio y noches de risas. Su saludo con el tierno beso en los labios seguía siendo su sello de complicidad. Con él, Elizabeth conoció lo que era la verdadera amistad.
De Soledad no había vuelto a saber absolutamente nada desde hacía mucho tiempo. El contacto cero había funcionado y sus vidas se habían bifurcado por completo. Elizabeth avanzaba con paso firme hacia su futuro, dejando los fantasmas del barrio en el olvido, concentrada únicamente en sus estudios y en sus campeonatos deportivos.