⚓ CAPÍTULO 18: El Capitán Ferguson
La verdadera sacudida de la noche ocurrió el fin de semana siguiente en una de sus habituales reuniones en un bar local. El grupo charlaba animadamente cuando, de pronto, un silencio sepulcral cayó sobre la mesa. Los chicos se callaron al unísono apenas vieron entrar a un hombre por la puerta principal. Todos los militares se levantaron de inmediato de sus asientos, firmes, para recibirlo con un riguroso saludo militar.
Elizabeth alzó la mirada para entender qué pasaba y se quedó sin aliento por un segundo. El hombre que acababa de llegar era alto, de piel morena, con unas pestañas largas y tupidas que enmarcaban unos impactantes ojos verdes que resaltaban con una fuerza magnética en su rostro. Si Gerardo era considerado un hombre alto y musculoso por su entrenamiento en los Marines, al lado de este recién llegado, Gerardo parecía un palito insignificante. El hombre desbordaba una presencia imponente, ruda y sumamente guapa.
—Muchachos, les presento al capitán Alexander Ferguson —anunció uno de los chicos cuando el hombre se acercó a la mesa—. El capitán de los chicos.
Elizabeth lo miró fijamente una sola vez, registrando la imponente estampa de Alexander, pero inmediatamente después adoptó su postura ejecutiva y desinteresada; no le prestó más atención ni demostró estar deslumbrada. En la mesa, la presentación formal dio paso a la fiesta de siempre. Elizabeth se dedicó exclusivamente a pasarlo bien. No faltaron los bailes pegados y divertidos con Matías, la complicidad amistosa con Gerardo y las risas compartidas con el resto del grupo.
El capitán Ferguson se mantuvo al margen del alboroto. Reía de vez en cuando con los comentarios de los hombres y fumaba su cigarrillo con parsimonia, rodeado por un aura de misterio y autoridad. Durante toda la noche, Alexander y Elizabeth no se dirigieron la palabra. No cruzaron saludos ni comentarios; cada uno permaneció sumergido en su propio mundo, ignorándose mutuamente en medio del ruido del bar, sin saber que el destino acababa de cruzar sus caminos de forma definitiva.