🧥 CAPÍTULO 19: Viernes de Botas y Cuero
Las salidas de los viernes por la noche se convirtieron rápidamente en una costumbre inquebrantable. Siempre a la misma hora, siempre en el mismo bar. Para Elizabeth, ese ritual era el cierre perfecto de su semana laboral. Ese viernes en particular, la jornada en la oficina terminó un poco antes, permitiéndole pasar a casa con calma para cambiarse de ropa.
Se despojó del traje ejecutivo y eligió un atuendo que gritaba seguridad: unos jeans ajustados de tiro alto que marcaban a la perfección sus curvas, una blusa color morado sin mangas, una chaqueta de cuero negra que le daba un aire rudo y sofisticado, y sus infaltables botas vaqueras. Tomó su bolso, se miró al espejo con una sonrisa satisfecha y salió de casa. Matías se quedaría rezagado esa noche; estaba en pleno encuentro íntimo en el departamento y Elizabeth, entre risas, prefirió no interrumpir su sesión y adelantarse sola al bar.
Al estar a punto de llegar a la entrada del establecimiento, se cruzó de frente con el capitán Alexander Ferguson, quien también iba entrando. Intercambiaron un saludo cordial, educado pero distante, manteniendo cada uno esa muralla invisible que los separaba desde la primera noche.
Al acercarse a la mesa del grupo, Gerardo ya estaba allí esperándolos. En cuanto vio aparecer a Elizabeth, reaccionó con su efusión de siempre: se levantó, la tomó con fuerza entre sus brazos levantándola del suelo y dio un giro completo con ella en el aire. Elizabeth soltó una carcajada limpia mientras él la regresaba a sus pies, acostumbrada ya a esa ruidosa forma de saludar.
El capitán Ferguson, que se había sentado justo al lado observando la escena con sus penetrantes ojos verdes, rompió el hielo con una voz grave llena de una curiosidad sutil.
—Se conocen muy bien ustedes... para que se saluden así —comentó Alexander, entornando la mirada.
—Sí —respondió Gerardo de inmediato, con total naturalidad—. Ella fue mi amor de juventud... pero la traicioné y quedamos como buenos amigos. ¿Cierto, Eli?
—Cierto —secundó Elizabeth riéndose, restándole total importancia al asunto frente al resto de la mesa.