🏢 CAPÍTULO 27: Las Reglas de los Veinticuatro
Elizabeth regresó a la mesa con el paso elegante y la respiración perfectamente controlada, como si no hubiera dejado al hombre más imponente del regimiento ardiendo en mitad de la pista de baile. Se sentó al lado de Matías y comenzó a charlar con él entre risas, recuperando de inmediato su habitual frescura. Gerardo, que no le había quitado los ojos de encima en toda la noche, captó su mirada y le hizo una pequeña seña discreta con la cabeza, indicándole que quería hablar a solas.
Tras esperar unos minutos para no levantar sospechas en el grupo, ambos se levantaron y se dirigieron a la barra del bar con la excusa de comprar unas bebidas, buscando la tranquilidad necesaria para conversar sin que los demás los escucharan.
Gerardo se apoyó en la barra, con el rostro serio y una preocupación genuina reflejada en los ojos. Sabía perfectamente cómo operaba la mente de su superior.
—Eli... —comenzó Gerardo en voz baja—, estoy preocupado por ti. El capitán Ferguson es un hombre sumamente estricto y decidido. Si él ha puesto sus intenciones en ti, ten por seguro que va a seguir insistiendo. No se va a rendir fácil.
Elizabeth recibió su bebida, miró el líquido y soltó una pequeña risa cargada de seguridad.
—No importa, Gerardo —respondió ella con firmeza—. Yo no puedo estar con alguien a quien ni siquiera conozco. Además, todos sabemos que los Marines tienen muy mala reputación en sus relaciones. Yo no quiero ser una más en su lista de conquistas para que mañana me deseche por otra. No soy un juguete que te entretiene mientras sea novedoso y que luego, cuando llega un juguete nuevo, simplemente me eliminan. Tengo veinticuatro años, Gerardo, y no soy el trofeo de nadie.