⚓ CAPÍTULO 28: La Confrontación en la Barra
Elizabeth apenas terminó de pronunciar esas palabras cuando una presencia imponente y masiva eclipsó la luz de la barra a sus espaldas. Un aroma a tabaco y perfume amaderado la envolvió por completo antes de escuchar aquella voz ronca y profunda que le erizó los vellos de los brazos.
—¿Cómo pretendes conocerme si no me das la oportunidad? —soltó Alexander Ferguson desde la penumbra.
Gerardo, al escuchar la voz de su superior jerárquico, se tensó de inmediato por puro instinto militar. Sabiendo que ese terreno ya no le correspondía y que interrumpía una conversación privada de su jefe, dio un paso atrás con respeto y se retiró en silencio hacia la mesa, dejando a Elizabeth y al capitán completamente solos en la barra.
Alexander dio un paso al frente y se sentó en el taburete justo al lado de ella, acortando cualquier distancia. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad cruda, desprovista de cualquier arrogancia militar; estaba hablando el hombre, no el capitán.
—¿Por qué me comparas con los demás si ni siquiera me has dirigido la palabra... con excepción de nuestra pequeña guerra de hace rato? —continuó Alexander, clavándole la mirada—. ¿Cómo sabes que yo solo te quiero como un juego? ¿Por qué me tienes tan mal considerado, Elizabeth?
Elizabeth sostuvo la respiración un segundo, impactada por la vulnerabilidad directa de sus palabras, pero mantuvo la barbilla en alto. El capitán se inclinó un poco más hacia ella, dejando caer la pregunta que realmente le calaba hondo tras haber escuchado la confesión de la mesa:
—¿Acaso piensas que estando conmigo yo te haré lo mismo que te hizo Gerardo?
La pregunta quedó flotando en el aire de la barra como un cable de alta tensión expuesto. Alexander Ferguson acababa de poner las cartas sobre la mesa, desnudando el mayor miedo que Elizabeth venía arrastrando desde su adolescencia. La muralla de la ejecutiva selectiva acababa de encontrarse con el asedio más honesto y peligroso de su vida.