🏢 CAPÍTULO 31: Cartas Sobre la Mesa
Elizabeth no se inmutó ante la mirada ambiciosa de Soledad. Con una calma gélida y calculadora, dio un sorbo a su trago y giró la cabeza con total elegancia para mirar a su antigua sombra, decidida a destrozar su juego de intrigas antes de que pudiera empezar a tejerlo.
—Claro —dijo Elizabeth con una sonrisa afilada—. Él es Alexander Ferguson, capitán de los chicos y amigo de Gerardo... que, por si te interesa, está allá en aquella mesa de la esquina.
Soledad abrió los ojos imperceptiblemente, tensándose al escuchar el nombre del hombre que la había usado por puro sexo y desechado sin despedirse al irse a los Marines. Elizabeth aprovechó ese segundo de debilidad para mirar fijamente al capitán Ferguson y rematar a Soledad con una verdad que llevaba años atragantada.
—Alexander, ella es Soledad. Una conocida de mi ciudad. Los dejo charlar... total, a Soledad le encanta tener cerca todo lo que yo tengo. Y a mí no me vuelvas a decir "amiga", Soledad, porque las amigas no traicionan y no sienten envidia por la otra.
Las palabras cayeron con la fuerza de un mazo en la barra. Soledad se quedó de una pieza, con la máscara de amabilidad completamente rota frente al imponente capitán militar. Elizabeth, con una dignidad inalcanzable, se dispuso a bajarse del taburete para retirarse de la barra con la frente en alto.