⚓ CAPÍTULO 34: La Diferencia
Soledad apenas terminó de reclamar cuando la imponente figura de Alexander Ferguson se movió sutilmente en el taburete contiguo. El capitán, que había permanecido en un silencio gélido analizando cada palabra de la conversación, intervino con esa voz ronca y cargada de una autoridad aplastante que hizo que ambos Marines se tensaran por instinto. Clavó sus ojos verdes en Soledad, desnudando sus intenciones con una sola mirada.
—Ambas fueron novias de Gerardo... —soltó Alexander, modulando cada palabra con un desprecio gélido—. Pero tenlo por seguro: hay una gran diferencia entre la una y la otra.
Sin darle el menor espacio para replicar y dejando a Soledad completamente destrozada en su orgullo, el capitán se puso de pie con toda su imponente estatura. Le dio la espalda sin mirarla una sola vez y caminó con paso firme y decidido hacia la multitud de la pista de baile, con un solo objetivo en mente: encontrar a la rubia ejecutiva que lo tenía completamente trastornado.
Elizabeth seguía bailand con Matías, soltando la tensión del momento, cuando sintió que la masa de cuerpos a su alrededor se abría. Alexander apareció entre las luces, deteniéndose a pocos centímetros de ella. Sus ojos verdes brillaban con una determinación feroz. Ya no estaba dispuesto a jugar al gato y al ratón; venía a demostrarle que él no era un Marine del montón y que estaba listo para pelear por su oportunidad.