🪩 CAPÍTULO 35: Traición Incondicional
Elizabeth seguía moviéndose al ritmo de la música, intentando diluir la rabia en la pista de baile, cuando la imponente silueta del capitán Ferguson corta el espacio. Sin pedir permiso y con una determinación feroz que dejó mudos a los que bailaban cerca, Alexander se acercó y la rodeó firmemente con sus grandes brazos, atrapándola en su compás.
Matías, que captó la electricidad que vibraba entre los dos y entendió a la perfección que allí se estaba jugando algo crucial, decidió que era momento de retirarse. Con una sonrisa cómplice y divertida, soltó a Elizabeth y dio dos pasos hacia atrás para perderse entre la multitud. No miró a Eli ni una sola vez; sabía perfectamente que si la miraba, los ojos miel de su amiga lo asesinarían en el acto por haberla dejado completamente desamparada y a solas con el peligroso capitán.
Elizabeth se tensó de inmediato al sentir el pecho firme de Alexander contra su espalda y sus manos dominando sus anchas caderas. Quiso zafarse, pero el agarre del militar era como un yunque de acero: firme, pero extrañamente protector. Alexander no forzó nada; simplemente guió el baile en silencio, esperando con paciencia militar a que Elizabeth se relajara un poco en sus brazos, asimilando el calor de su cuerpo y el costoso perfume amaderado que ya se le estaba haciendo peligrosamente adictivo.