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? CAPÍTULO 38: El Peso de la Decisión

🏢 CAPÍTULO 38: El Peso de la Decisión

Antes de que Elizabeth pudiera procesar la magnitud de sus palabras o emitir una sola respuesta, Alexander se inclinó levemente hacia ella. Sus labios rozaron con una ternura infinita la frente pecosa de la joven, depositando un beso suave, protector y cargado de un respeto que ella no había sentido en un hombre desde hacía una eternidad.

Acto seguido, el capitán soltó el agarre de sus caderas, dio la media vuelta con su imponente presencia militar y se alejó con paso firme entre la multitud de la pista de baile, abandonando el bar sin mirar atrás.

Elizabeth se quedó completamente sola en mitad de la pista, congelada bajo las luces difusas mientras la música seguía retumbando a su alrededor. El lugar donde los labios de Alexander habían tocado su frente se sentía extrañamente cálido. Las defensas de la ejecutiva de veinticuatro años estaban hechas trizas, no por una traición o un engaño, sino por la cruda honestidad de un hombre maduro que acababa de poner el futuro de ambos en sus manos.

Minutos después, Matías apareció entre la gente, mirándola con los ojos muy abiertos y una curiosidad que no podía ocultar al ver el rostro desarmado de su amiga.

—Eli... ¿qué demonios acaba de pasar aquí? —preguntó Matías en voz baja, tomándola del brazo.

Elizabeth miró hacia la salida por donde el capitán Ferguson se había marchado, sintiendo que el corazón, por primera vez en muchísimos años, le latía con una fuerza desconocida y aterradora en el pecho.

—Me dio un ultimátum, Mati... —susurró ella, acomodándose la chaqueta de cuero negra con manos temblorosas—. Mañana a las siete de la noche.




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