🏢 CAPÍTULO 39: El Empujón de Mati
El sábado amaneció envuelto en una densa nube de nerviosismo para Elizabeth. Pasó toda la mañana y gran parte de la tarde dando vueltas por el departamento, incapaz de concentrarse en sus rutinas habituales. La confesión y el ultimátum del capitán Ferguson resonaban en su mente una y otra vez. Se sentía atrapada entre el terror de volver a abrir sus viejas heridas y la innegable atracción que sentía hacia ese hombre tan imponente.
Matías la observaba desde el sillón, con una taza de café en las manos y esa mirada perspicaz que lo leía todo. Finalmente, decidió intervenir.
—Eli, por favor, conócelo —le dijo Matías con total seriedad, suavizando el tono—. No te cierres al mundo. Si las cosas no funcionan o descubren que no son compatibles, bueno, al menos tendrás un amigo más en esta ciudad. Pero no puedes quedarte con la duda de saber qué habría pasado. ¡Amiga, por Dios! Por ese guapetón hasta yo me transformo.
Elizabeth no pudo evitar soltar una carcajada limpia ante la ocurrencia de su amigo, sintiendo cómo el ambiente se aligeraba de golpe. La complicidad de Matías era el bálsamo que necesitaba para disipar sus miedos. Sin embargo, la indecisión la acompañó durante el resto de la tarde, estirando el tiempo lo más posible. No fue sino hasta que el reloj marcó las seis de la tarde que tomó la decisión definitiva.
Caminó hacia el clóset y se arregló con su sello característico: eligió unos jeans negros de tiro alto que marcaban su figura con elegancia, una blusa color mostaza que hacía resaltar sus ojos miel, su infaltable chaqueta de cuero negra y sus botas. Tomó su bolso, respiró hondo frente al espejo y salió con rumbo al restaurante, decidida a enfrentar su destino.