Donde El FrÍo Encuentra Su Calma

?️ CAPÍTULO 47: El Eco de la Partida

🎖️ CAPÍTULO 47: El Eco de la Partida

La despedida se estiró en el umbral de la puerta con una seguidilla de besos cortos, urgentes y desesperados, donde Alexander dejó en claro que no la quería dejar por nada del mundo. Sus manos memorizaron por última vez la cintura de Elizabeth antes de romper el contacto de golpe. En cuanto la puerta del departamento se cerró, el silencio cayó como un bloque de plomo.

Elizabeth se apoyó contra la madera, deslizándose hasta el suelo mientras las lágrimas que había contenido frente a él comenzaban a rodar por sus mejillas pecosas. En ese momento, Matías salió silenciosamente de su habitación. Al verla en el piso, se acercó de inmediato, se sentó a su lado en la alfombra y la rodeó con un abrazo protector. Entre sollozos, Elizabeth le contó todo: la misión peligrosa, los meses de ausencia y la promesa que se habían sellado en los labios.

—Él volverá, Eli —le susurró Matías con una convicción absoluta, limpiándole las lágrimas—. Ten fe en que volverá. Ese hombre está completamente loco por ti.

Los días siguientes se transformaron en una prueba de resistencia. Elizabeth seguía yendo a trabajar a la empresa con su impecable traje ejecutivo, mantenía sus rutinas de entrenamiento y se refugiaba en el movimiento para calmar la ansiedad. Sin embargo, los viernes por la noche las cosas cambiaron drásticamente en el bar de siempre. El ambiente ya no era el mismo; las mesas estaban más vacías porque casi todos los muchachos del pelotón se habían marchado al frente.

Ahora, el grupo de los viernes estaba compuesto únicamente por las novias y esposas de los militares, Matías y otro hombre que no pertenecía a los Marines. A pesar de la ausencia, decidieron mantener viva la tradición del bar, reuniéndose a la misma hora no para salir de fiesta, sino para sostenerse mutuamente. El tema de conversación era inevitable: compartían el peso de la espera, preguntándose unas a otras si alguna había recibido alguna señal, pero nadie sabía nada. No sabían si habían llegado a salvo a su destino, ni en qué parte del mundo estaban. La preocupación flotaba en el aire como una niebla densa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.