💌 CAPÍTULO 52: El Sello del Destino
Elizabeth terminó de escribir la última línea y dejó caer el bolígrafo sobre el escritorio. Releyó sus propias palabras, sintiendo un calorcito tierno en el pecho al darse cuenta de lo mucho que había cambiado. La adolescente asustada de catorce años había quedado sepultada bajo el pasado; ahora era una mujer de veinticuatro años que no temía confesarle a un hombre de verdad que lo extrañaba y que su corazón lo esperaba.
Dobló la hoja con extrema delicadeza. Antes de meterla en el sobre oficial de respuesta, Elizabeth se acercó el papel a los labios y depositó un suave beso en el reverso, dejando impregnado un pedazo de su esencia. Luego, tomó su perfume favorito —el mismo con el que había bañado al pequeño peluche que Alexander llevaba colgado en el frente— y roció sutilmente las esquinas del sobre para que el aroma cruzara el océano y lo transportara directo a su lado en medio de la guerra.
Guardó la carta de Alex junto a la nota dirigida a su madre dentro de su bolso ejecutivo. Al salir de la habitación, Matías la esperaba apoyado en el marco de la cocina, cruzado de brazos y con una sonrisa llena de orgullo al ver los ojos miel de su amiga brillando con una luz completamente nueva.
—¿Ya está lista la respuesta para el capitán? —preguntó Matías con tono divertido.
—Lista, Mati —respondió Elizabeth, sintiendo que el nudo de la angustia en su estómago se transformaba en una hermosa certeza—. El viernes iré a conocer a su mamá.
—Esa es mi Eli. Paso a paso, amiga. Estás haciendo las cosas bien —le dijo Matías, dándole un abrazo sincero.
Elizabeth miró el calendario de la pared. Faltaban tres días para el viernes, tres días para dar el paso más importante y entrar al santuario familiar de Alexander Ferguson. La espera seguía siendo dura, pero con la carta guardada en su bolso, Elizabeth sabía que cada amanecer la acercaba un paso más al regreso de su imponente marine.