🏢 CAPÍTULO 55: Buenas Nuevas en el Bar
En cuanto Elizabeth cruzó la puerta del departamento el viernes por la noche, Matías saltó de su asiento, ansioso por saber cómo le había ido en esa primera y crucial reunión familiar. Con los ojos mielini brillando de emoción, Elizabeth le relató cada detalle: las lágrimas compartidas, las palabras de Alexander en la carta y, finalmente, el acuerdo de que al día siguiente, sábado, la madre del capitán iría a comer con ellos. Matías se puso feliz de inmediato, entusiasmado con la idea de conocer por fin a la suegra de su amiga y desplegar todo su carisma para hacerla sentir como en casa.
Para cerrar la noche con broche de oro, el par de amigos se arregló y se dirigió al bar de los viernes. Necesitaban poner al tanto a las demás mujeres del grupo de que el pelotón había llegado a salvo a su destino. Para sorpresa y alegría de todas, ese día resultó ser mágico: casi todas las novias y esposas de los Marines habían recibido sus respectivas cartas del frente. El bar, que semanas atrás se sentía vacío y asfixiante, se llenó de una atmósfera sumamente amena, iluminada por el alivio mutuo, los brindis sinceros y la esperanza compartida de un pronto regreso.
Al amanecer del sábado, Elizabeth y Matías salieron temprano a la calle. Caminaron por los mercados locales para hacer las compras necesarias para el almuerzo; no querían por nada del mundo llegar con las manos vacías a la casa de la madre de Alex. Cuando finalmente llegaron a la residencia y la puerta se abrió, la reacción de Matías fue instantánea. Al ver el rostro de la mujer, el loquillo casi se va de espaldas del asombro, abriendo los ojos de par en par al comprobar que ella y el imponente capitán Ferguson eran copias exactamente idénticas. El cómico gesto de Matías desató una risa limpia y genuina en la madre de Alex, rompiendo cualquier rastro de timidez desde el primer segundo.