🎖️ CAPÍTULO 61: El Silencio del Buzón
Así transcurrieron los días y los meses. El tercer mes pasó entre estofados y risas; el cuarto mes consolidó la independencia de Mamá Olga, quien ya caminaba por la ciudad con una soltura que asombraba a los muchachos. Todas las semanas, el ritual era el mismo: esperar con ansias la llegada del cartero, abrir el sobre blanco con caligrafía ordenada y varonil, y leer las promesas de Alexander reunidos en el sillón de la sala. Las cartas eran el oxígeno de esa casa, la certeza de que el imponente capitán Ferguson seguía latiendo al otro lado del océano.
Pero la paz de la rutina se quebró de golpe al llegar al quinto mes.
Ese martes, Elizabeth regresó de la oficina con el corazón acelerado, esperando el habitual grito de Matías en el pasillo. Pero el pasillo estaba en silencio. Matías estaba sentado en el comedor, con el rostro serio y las manos vacías. La carta no había llegado.
—No pasa nada, Eli —le dijo Matías, intentando mantener la calma—. Quizás hubo un retraso con el correo militar o el avión se demoró. Llegará mañana.
Pero mañana se convirtió en jueves, y el jueves en el viernes de la siguiente semana. Catorce días de silencio absoluto. La desesperación y la angustia comenzaron a carcomer las entrañas de Elizabeth como un veneno lento. El vacío en su estómago volvió con una fuerza destructiva, pero esta vez no era por una traición; era por el terror puro a la muerte. ¿Pasó algo en el frente? ¿El pelotón había caído en una emboscada? ¿Por qué el hombre que juró volver por ella había dejado de escribir? Las peores preguntas empezaron a dar vueltas en su mente, amenazando con derribar toda la seguridad que tanto le había costado construir.