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?️ CAPÍTULO 64: Vivo y en Casa

🎖️ CAPÍTULO 64: Vivo y en Casa

Elizabeth dobló la esquina de su calle y se detuvo en seco, sintiendo que el aire se le congelaba en los pulmones. El mundo a su alrededor pareció perder el sonido.

Allí, justo fuera de la entrada de su edificio de departamentos, estaba él.

Alexander Ferguson permanecía de pie junto a sus bolsos militares. Vestía su impecable uniforme de los Marines, aunque las telas se veían desgastadas por el rigor de las trincheras. Su contextura física se notaba visiblemente más delgada debido a la crudeza de la misión peligrosa, pero sus intensos ojos verdes brillaban con una fijeza feroz al verla aparecer. Estaba vivo. Su capitán estaba vivo y estaba en casa.

Elizabeth no lo pensó. Se olvidó de la formalidad de su traje ejecutivo, dejó caer su bolso al pavimento y corrió con todas las fuerzas que le daban sus piernas hacia él. Al llegar, se le tiró encima con una desesperación salvaje, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello para aferrarse a su cuerpo. Necesitaba tocarlo, apretarlo contra ella, asegurarse de que no era una cruel jugada de su mente o un sueño del que despertaría llorando en la oscuridad.

Lo besó. Lo besó con un amor desbordante, con la pasión contenida de seis meses de ausencia, con una devoción y una entrega absoluta que los dejó sin aliento en mitad de la acera. Sus manos recorrieron el rostro demacrado del capitán, acariciando su piel, confirmando que la pesadilla había terminado. Elizabeth lloraba y lo besaba al mismo tiempo, negándose a soltarlo por miedo a que se desvaneciera en el aire.

Alexander la sostuvo en vilo con sus poderosos brazos, apretándola contra su pecho con una fuerza protectora que le devolvió la vida de golpe. La miró a los ojos miel, aquellos que había llevado grabados en su identificación durante toda la guerra, y con su voz ronca y pausada, le regaló las palabras que ella había estado esperando en el alma.

—Volví por ti... —le susurró el capitán con infinita ternura, antes de volver a sellar sus labios en un beso profundo, urgente y definitivo—. Te lo juré, pecosa. Volví por ti.




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