Donde El FrÍo Encuentra Su Calma

? CAPÍTULO 70: Un Despertar Definitivo

🌅 CAPÍTULO 70: Un Despertar Definitivo

Elizabeth comenzó a despertar lentamente en cuanto sintió los dedos cálidos de Alexander dibujando círculos y dándole suaves caricias en la espalda baja.

—Buenos días, pecosa —le susurró él con su voz ronca de la mañana.

Elizabeth no respondió con palabras. De pronto, sintiendo una timidez inmensa al recordar la intensidad de la noche anterior, se escondió como una niña pequeña en el hueco de la axila del capitán, negándose a mirarlo a los ojos. Alexander soltó una risa baja y genuina ante esa actitud tan infantil y encantadora. Sin embargo, no la dejó esconderse por mucho tiempo; la tomó con firmeza de la cintura, la giró con suavidad y la posicionó por completo encima de su propio cuerpo para poder verla de frente.

Allí estaba ella, con las mejillas completamente coloradas resaltando las pecas de su rostro y el pelo rubio deliciosamente desordenado. Para Alexander, esa era la imagen más hermosa y perfecta que había visto en toda su vida. El capitán se sentó en la cama manteniendo a Elizabeth en su regazo, abrazada a su torso, y comenzó a besarla y acariciarla con una pasión renovada. El contacto íntimo de sus pieles no tardó en surtir efecto: la longitud de Alexander despertó con fuerza contra ella, mientras la feminidad de Elizabeth volvía a humedecerse, respondiendo al llamado del deseo.

Elizabeth se levantó sutilmente sobre él y, con una lentitud deliciosa, comenzó a guiarlo para que entrara en ella nuevamente. Volvieron a amarse bajo la luz del día, pero esta vez con una complicidad diferente. Él la guió en cada movimiento, marcando un ritmo pausado y profundo que los llevó a tener un despertar hermoso, sellado con un clímax abrumador, salvaje y simultáneo de parte de los dos.

Mientras recuperaban el aliento, tendidos el uno sobre el otro con el corazón latiéndoles a mil por hora, Elizabeth apoyó la frente en su hombro ancho y soltó una frase cargada de una repentina preocupación:

—Alex... no usamos condón.

El capitán Ferguson la estrechó contra su pecho con una fuerza protectora que disipó cualquier rastro de duda en la mente de ella. Le acarició el cabello rubio y le respondió con una seguridad inquebrantable, con la voz del hombre que había decidido su destino:

—No importa, mi amor. Yo me haré responsable por completo de lo que venga. Porque desde la noche anterior, tú eres mi mujer... y vas a tener que acostumbrarte a tener de mí así de cerca para siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.