En El Rincón del Bohemio, donde el tiempo se detuvo,
un viejo farol vela por el amor que allí estuvo.
Siglos y milenios, su luz permanece en calma,
mientras la luna, serena, acaricia cada alma
que busca su destino en un ciclo sin final:
testigo silencioso de un pacto inmortal.
Fue en aquel mismo umbral, entre el dulce murmullo
de tazas que tintinean y un viejo arrullo,
donde él fue su presente, y el mundo fue un poema
pintado en sus pupilas, sin duda ni dilema.
Un instante de piel, de risas compartidas,
el don de un ahora que sanó viejas heridas.
Quizás la misma mesa que guarda los secretos,
la charla que se hizo el más bello de los decretos...
En cada gesto simple, en cada suave aliento,
nació un universo que desafió el tormento
de lo efímero, lo frágil, lo que no ha de durar,
pero que en su corazón se negó a terminar.
Mas el tiempo, ineludible, quiso separarlos,
y la cruel distancia amenazó desgarrarlos.
Pero ella, con el alma herida y un amor tan profundo,
eligió un camino que no era de este mundo.
No aceptó la penumbra, el olvido ni el adiós;
se hizo entonces viajera para poder abrazar
el eco de esa chispa, y nunca olvidar.
Así, su esencia misma se fundió con las eras,
sus pasos resonando en infinitas esferas.
Dejó atrás calendarios, fronteras y naciones,
persiguiendo el recuerdo entre las constelaciones.
Ahora ella cruza eras, rompiendo los velos,
siendo estela de vida que sortea los cielos.
Ha visto los imperios nacer y fenecer,
ciudades que se alzaron y otras tantas caer.
Los hombres cambian nombres; los ríos, su caudal,
mas su brújula interna es un faro ideal:
el recuerdo inmutable de aquel ser que fue presente,
un pulso que aún resuena en su alma traslúcida y vidente.
Es la imagen grabada del café en su mano,
la forma de su risa, el gesto soberano
que la llenó de vida, que la hizo despertar:
esa chispa sagrada que no ha de mermar.
Lo busca en cada rostro, en cada melodía,
en el eco del viento que anuncia un nuevo día.
La noche se derrama, la brisa es un suspiro,
y en El Bohemio viejo revive el dulce giro.
No hay sombras que se acerquen ni manos que tiemblen hoy,
solo la reverberación de lo que el alma fue... y soy.
El eco de una risa, la voz que se asemeja
al tiempo detenido, a la memoria añeja.
La misma vieja mesa, la misma copa a medias,
los ecos de susurros, de mil dulces comedias.
Ella posa su mano sobre el viejo cristal,
sintiendo aún la huella de aquel toque ancestral.
Y cierra sus ojos para verlo una vez más,
su figura perfecta, el refugio de su paz.
Porque aunque el mundo cambie y las horas se diluyan,
ese amor en su esencia jamás se desvirtúa.
No importa cuántos soles ni qué nuevas ciudades:
ese amor es la constante entre las realidades.
«Donde el tiempo nos encontró», la frase es un susurro
que vive en el aroma del café y su murmullo.
Un pacto que no caduca, un lazo sin final,
la eterna melodía en un rincón inmortal.
Y así, una y otra vez, bajo el farol que quema,
el amor es la fuerza, la vida es el poema.
La viajera del tiempo, con su carga tan bella,
regresa al viejo punto guiada por una estrella:
la de un amor pasado que es su eterno presente,
viviendo en cada fibra de su ser... eternamente.
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✒️ Nota final de la autoraMis amados lectores:
Hemos llegado al final de Donde el tiempo nos encontró, y no se imaginan la emoción tan grande que siento al compartir esta historia terminada con ustedes.
A mí me fascinan las historias de viajes en el tiempo, y de verdad disfruté muchísimo escribir cada línea de este viaje. Sin embargo, sé que la escritura es un camino constante de aprendizaje. Reconozco que aún debo pulirme más, expandir mi mente para enriquecer los diálogos e incorporar más personajes secundarios que le den vida a cada escena.
Esta novela ha sido una experiencia hermosa y un gran paso para mí. Sé que todo lo que he aprendido aquí —junto con la paciencia y dedicación que le estoy poniendo a terminar Reescribiendo las reglas— me servirá para que mi próxima historia sea muchísimo más completa, emocionante y llena de vida.
Me encantaría que me dejaran en los comentarios sus críticas constructivas. Si por casualidad algún escritor o escritora llega a leer mi historia, agradecería enormemente de corazón cualquier consejo que me puedan dar para seguir mejorando en este hermoso arte.
Gracias infinitas por leerme, por abrirle la puerta a mi imaginación y por acompañarme en este sueño. ¡Espero que hayan disfrutado esta aventura tanto como yo disfruté crearla para ustedes!
Con todo mi amor y gratitud,
Eleny Aristigueta (Lasaire Ibarra) ✨📖