Donde empieza el invierno

33

"Tormenta blanca"

Gabriel

La noche se ha tragado la carretera. Apenas distingo los carteles; son sombras difusas, desdibujadas bajo la luz amarillenta de los faros. El parabrisas se convierte en un lienzo de copos gruesos, furiosos, que caen como si alguien vaciara sacos de nieve desde el cielo.

—Gabriel... —la voz de Lara tiembla un poco—. Deberíamos parar.

—No —respondo, con las manos tensas sobre el volante—. Aquí no. En medio de la nada.

—Pero está empeorando.

—Precisamente. Si paramos, podemos quedarnos enterrados. Ahogados en nieve.

La nieve golpea el cristal como miles de agujas frías. La aguja del velocímetro desciende por sí sola; el coche empieza a resistirse a avanzar. El mundo se ha reducido a un túnel estrecho de luz en mitad de la oscuridad.

—Busca un sitio para dormir —le pido—. Un hotel, una cabaña, lo que sea.

Ella coge el móvil. La luz azulada ilumina su rostro, haciéndola parecer más pálida de lo normal. Sus dedos se mueven con rapidez, pero su ceño fruncido me dice que no está encontrando nada.

—No hay señal... —murmura.

Un golpe seco contra el chasis me sobresalta —lo mejor para el chasis medio descolgado—. El coche se ladea un poco. Piso el acelerador, pero las ruedas patinan, girando en vacío. Una vez, dos, tres. Hasta que nos quedamos quietos.

Silencio. Sólo se escucha el golpeteo insistente de la nieve contra el techo y el silbido lejano del viento colándose entre las rendijas.

—Estamos atrapados —dice Lara, sin apartar la vista de la ventisca.

—Sí... —susurro, tragando saliva.

Apago el motor para ahorrar combustible. La oscuridad se espesa, y el frío se cuela como un animal invisible, buscando cada rendija. Lara se frota los brazos con rapidez, y yo me quito la chaqueta para ponérsela sobre los hombros. Ella me mira un segundo, en silencio, y baja la vista.

—Gracias. ¿Pero que vamos hacer?

—¿Salimos a ver si encontramos algo? —pregunta Lara inocentemente.

—No, si salimos ahora nos congelaremos fuera.

—Igual algun coche pasa ahora y nos puede ayudar —su voz dulce intenta encontrar algo de paz en este momento de tension y angustia.

—Es una carretera secundaria. La gente de la zona seguro que sabe que no puede salir con este tiempo. Pero ojalá te oigan. Tu sigue hablando como siempre haces —digo esto ultimo un poco con ironia.

Nos sentamos más cerca, compartiendo el calor. Puedo sentir su respiración en mi cuello, el roce de su hombro contra el mío. Afuera, el mundo parece haberse borrado.

—Tengo miedo —dice, casi en un susurro.

—¿De qué? —pregunto, aunque no estoy seguro de querer la respuesta.

—De que no salgamos de esta... —hace una pausa—. Y de que... —calla de golpe.

—¿De que...?

—Nada.

La miro de reojo. En sus ojos hay algo que no es sólo miedo.

Me froto las manos para entrar en calor, pero la verdad es que es ella quien me mantiene despierto. Decido volver a encender el coche para que la calefaccion haga algo porque ahora mismo fuera hace menos de cinco grados. Los cristales se han congelado por completo. Pero el coche ya no arranca. La tormenta podría tragarse el coche y no me daría cuenta si la tuviera así, tan cerca.

—No me gusta quedarme quieto —digo, sin pensar.

—¿Por qué?

—Porque me recuerda a otras veces. Momentos en los que no pude hacer nada... y perdí demasiado.

Ella me observa, como si mis palabras hubieran abierto una puerta que no pretendía enseñar.

—Gabriel... ¿quieres acojonarme? porque de verdad que lo estas consigiendo a unos niveles que incluso llegan a sorprenderme.

No respondo. No se que decirle ahora mismo. El viento azota el coche, haciéndolo vibrar. La nieve se acumula alrededor, aislándonos del mundo. Y en medio de este silencio roto por la tormenta, siento algo que creía enterrado. Una chispa que me quema por dentro mientras la tengo tan cerca.

No sé si es el miedo, el frío o está condenada sensación de que podría besarla en cualquier momento.

Dentro de mi por primera vez en mucho tiempo se despierta un sentimiento que creía muerto. Me descubro observando la forma en que baja la mirada, cómo sus manos juegan nerviosas con el borde de su abrigo.

Cada gesto suyo me arrastra hacia un lugar del que pensé que ya no habría retorno. Y, sin embargo, aquí estoy, conteniendo el aire, luchando contra la tentación de inclinarme apenas unos centímetros.

El silencio entre nosotros no es un vacío, es un puente. Y tengo la absurda certeza de que si me atreviera a cruzarlo, todo cambiaría. Para bien o para mal.

Trago saliva. El corazón late con una urgencia que me recuerda que estoy vivo. Que quizá siempre lo estuve, aunque hubiera olvidado lo que significaba sentir así.

Pero sé que, aunque la tormenta pase, esta noche no se va a borrar.

La nieve golpea el techo del coche con un ritmo irregular, como si quisiera enterrarnos de una vez. Dentro, el aire se enfría rápido. Soplo sobre mis manos y las froto con fuerza.

—Acércate más —le digo—. Es una situación extrema. Pero nos tenemos que dar calor.

Miro los asientos de atras que hasta ahora no han participado en todo el viaje y echo para atras mi asiento para poder pasar a ellos más facilmente.

Lara en cuanto me ve hace exactamente lo mismo y se pone a mi lado.

Desde aquí tengo un pequeño acceso al maletero y cojo una pequeña manta que siempre llevo conmigo por lo que pueda pasar. Coloco mi chaqueta también sobre nosotros para aumentar las capas que hay sobre nosotros.

No responde, pero se mueve despacio hasta que su hombro roza el mío. Siento su calor atravesando las capas de ropa. Durante unos segundos sólo escuchamos el viento y nuestra respiración.

—Nunca había visto nevar así —susurra.

—Yo tampoco. Al menos no estando dentro de ella.

—¿Dentro?

—Sí. La mayoría de las veces la ves desde la ventana de una casa. Parece bonita, tranquila. Pero aquí... Aquí da mucho más miedo de lo que pueda llegar a imaginar una persona.



#9725 en Novela romántica
#1690 en Joven Adulto

En el texto hay: viaje, romance, drama

Editado: 24.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.