Donde empieza el invierno

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"El silencio de la nieve"

Gabriel

La nieve lo cubre todo. Calles, tejados, farolas… incluso los bancos del parque están enterrados bajo un manto blanco y silencioso. Es un silencio denso, tan profundo que parece tragarse cualquier ruido. Cada paso que damos rompe esa calma con el crujido seco de la nieve bajo nuestras botas.

El aire frío me muerde la cara y deja un rastro de hielo en mis pulmones. Respiro hondo y siento cómo el olor metálico del invierno se mezcla con algo más tenue, más dulce… como si la nieve tuviera un aroma propio, limpio, casi inocente.

Miro alrededor. Todo está como lo recordaba. Exactamente como la última vez que estuve aquí. El mismo silencio suspendido en el aire, el mismo blanco perfecto que parece congelar el tiempo. Incluso las montañas a lo lejos parecen detenidas, como si hubieran decidido no moverse nunca más.

Lara se queda quieta unos metros más adelante, girando sobre sí misma para verlo todo. Hay fascinación en su mirada, como si este lugar fuera un refugio que no sabía que existía.
—Es… precioso —murmura, sin mirarme.
No respondo. Porque para mí este pueblo no es sólo belleza. Es un espejo helado en el que se reflejan cosas que preferiría no volver a ver. Recuerdos que se clavan en el pecho con la precisión de un cuchillo: Emma riendo bajo una nevada, su pelo lleno de copos, su mano apretando la mía.

Sacudo la cabeza como si pudiera borrar la imagen. No funciona.

Caminamos hasta la casa. La madera oscura de la fachada está cubierta de escarcha, y el tejado inclinado guarda un pequeño alud en miniatura. Empujo la puerta y el calor me golpea al instante. Dentro, el olor a leña quemándose me envuelve, cálido y familiar. Sobre la chimenea, el fuego ya está encendido.

Lara frunce el ceño.

—¿Cómo puede ser…?

—Mandé a alguien para que la tuviera lista —respondo, quitándome los guantes.

Ella sonríe, sorprendida. Sus ojos brillan con esa mezcla de asombro y gratitud que siempre me desarma un poco. Yo evito sostenerle la mirada demasiado tiempo.

Me acerco a la ventana. Afuera, la nieve sigue cayendo despacio, sin hacer ruido, como si no tuviera prisa. Y yo… yo siento que tampoco debería tenerla. Pero en el fondo sé que no he venido aquí para encontrar paz.

Sólo para enfrentarme a todo lo que todavía duele.



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En el texto hay: viaje, romance, drama

Editado: 14.06.2026

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