Donde empieza el invierno

47

"El calor en medio del frío"

Lara

Entro en la residencia y el primer golpe sensorial es tan fuerte que casi me hace retroceder un paso. Hay olor a comida recién hecha, a antiséptico y un dejo de colonia que parece flotar sobre el murmullo de fichas de dominó, risas y pasos arrastrados. Respiro hondo y pienso: "Bienvenida, Lara. Nada como el aroma a puré de patata y esterilizante para sentir que tu vida ha toma- do un giro interesante."

-¡Lara! -me llama una mujer de cabello corto, con una sonrisa amplia-. Soy Marta, tu supervisora. Hoy vas a acompañar a los residentes en las actividades de la mañana y después tendrás tu primer turno en habitaciones.

Asiento, intentando parecer profesional, mientras mi cabeza hace un rápido inventario de posibles catástrofes: "Objetivo número uno: no romper nada. Objetivo número dos: no asustar a nadie. Objetivo número secreto: sobrevivir las primeras dos horas sin parecer un completo desastre."

Recorro el pasillo con Marta y me presentan a los primeros residentes y compañeros. La primera mirada fija es la de doña Elena, una mujer mayor de ojos claros y curiosos. Me sonríe y dice algo que no entiendo. Asiento, con la seguridad de alguien que aparenta saber lo que hace. "Bienvenida a la adultez real, Lara: sonreír como si supieras lo que estás haciendo, aunque no ten- gas ni idea."

Mi primera tarea es ayudar a don Manuel a llegar al baño. Siento un temblor en las manos y pienso: "Que no se me caiga, que no se me caiga...". Él avanza con dignidad, y me mira con una especie de aprobación tácita.

-No te preocupes, don Manuel, no lo convertiré en una montaña rusa -bromeo, intentando relajar la tensión.

Él suelta una risa baja y comprendo que, aunque sea un poco temerosa, mi compañía le resulta aceptable.

Durante la mañana, me muevo de habitación en habitación: ayudo con la comida, ajusto mantas y ofrezco compañía. En la sala común, me encuentro con la señora Rosa, que hojea un álbum de fotos.

-¿Quieres que te ayude a pasar las páginas? -pregunto.
-Gracias, hija, pero déjame disfrutarlo -responde con una sonrisa melancólica-. Cada fotografía es un re- cuerdo que no quiero olvidar.

Me siento junto a ella, y por un momento, simplemente observo las imágenes. Aunque no puedo tocar esos recuerdos, puedo acompañarla. "Primer aviso: es- to no es solo mover bandejas y dar agua. Esto es tocar vidas sin tocar nada."

Más tarde, tengo un pequeño descanso. Me siento con un par de chicas jóvenes que apenas hablan español. Intento presentarme, y ellas me bombardean con preguntas gestuales:
-¿De dónde eres?
-¿Qué estudias?
-¿Tienes novio?

Yo gesticulo, sonrío y hago mímica. Al final, nos entendemos, y las risas estallan ante mis movimientos torpes. Y mi inglés algo oxidado. "Habilidad desbloquea- da: traductora sin saber el idioma. Premio a la paciencia del día."

Un momento que no olvido: acompañar a don Joaquín hasta la sala común. Sus ojos se humedecen mientras me dice:

-Perdí a mi esposa hace muchos años... y todavía recuerdo cómo reía en la cocina.

No digo nada. Solo escucho. Luego susurro:

-Debe ser duro.

-Lo es, pero los recuerdos son un consuelo -responde, apretándome la mano con fuerza-. Gracias por escucharme.

Marta pasa cerca y me dice al oído:

-Hoy te has manejado mejor de lo que esperaba. Recuerda, habrá momentos en los que no sabrás qué hacer, y eso está bien.

Y sí, claro, cometo un error: confundo un par de bandejas y doy puré de patata a quien no le tocaba. Marta levanta una ceja.

-No pasa nada, Lara. Aprende y sigue adelante.

-Nada como un puré de patata para enseñarme humildad -murmuro para mí misma.

Al mediodía, acompañamos a los residentes a comer. El murmullo de los cubiertos, el olor del guiso y las charlas suaves llenan la sala. Intento ayudar a los más torpes con los cubiertos y las sillas. Con algunos, improviso bromas para hacerlos reír:

-Si comes muy rápido, el puré de patata se enfadará -bromeo con doña Elena.

-¡Pues que se enfade! -responde ella, con una carcajada que me contagia.

Después de comer, tenemos actividades de memoria y lectura en voz alta. Observo cómo algunos residentes se iluminan al recordar algo, mientras otros se frustran. Cada gesto, cada silencio, cada sonrisa tiene peso.

A media tarde, me asignan tareas más prácticas: ayudar en la higiene personal de algunos residentes. Aquí, mi nerviosismo alcanza niveles épicos. Al entrar en una habitación con don Manuel, me doy cuenta de lo delicado que puede ser cada gesto. Un movimiento equivocado y podrías hacer daño sin querer.

-Tranquilo, don Manuel, hoy no vamos a hacer acrobacias -susurro, mientras ajusto la manta-. Todo bajo control.

Más tarde, me sorprendo con historias del pasado de algunos residentes. Doña Rosa me habla de su juventud en otro país, de cómo tuvo que dejar a su familia y comenzar de nuevo. Su relato me hace sentir pequeña y, al mismo tiempo, agradecida por poder escucharla.

Al final del día, me siento en la sala de descanso. Estoy agotada, con los pies doloridos, los hombros rígidos y la cabeza llena de imágenes, aromas, sonidos y emociones. Respiro hondo y pienso: "Vale, Lara. Primer día completado. Desastre parcial, sí, pero lección de humanidad, paciencia y humor, con puré de patata incluido. Mañana toca más."

Doña Elena me guiña un ojo al pasar:

-Vuelves mañana, ¿verdad?

-Claro, no me pierdo el espectáculo -respondo, sonriendo mientras pienso: "Sí, espectáculo, supervivencia y cagadas varias, todo en un día de trabajo."

Salgo de la residencia y el frío me golpea como un martillo. Literalmente podría congelarme antes de llegar a la casa de Gabriel. Estoy convencida de que me falta una capa de abrigo o, mejor dicho, un par de capas más y un gorro con orejeras. Al girar la cabeza, lo veo ahí, de pie, observando la entrada como si fuera su turno en la patrulla nocturna. Es Gabriel. Entonces decido acercarme y preguntar.



#3442 en Novela romántica
#177 en Joven Adulto

En el texto hay: viaje, romance, drama

Editado: 05.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.